Claude Henri de Rouvroy, Conde de Saint-Simon (1760-1825), pasa por ser el precursor de una buena parte parte de las tendencias socialistas de los siglos XIX, XX y XXI: según ha dejado escrito, “se impuso la tarea de dedicar su vida a esclarecer la cuestión de la organización social”, partiendo de “una renovación de la Moral y de la Religión” desde los condicionamientos que, ya en su época, imponía el Industrialismo, cuyo esencial principio debiera ser “a cada uno según su capacidad y a cada capacidad según sus obras” hasta llegar a una situación en la que “todos los hombres se considerarán hermanos”, todo ello sin la mínima alusión a la presencia viva de Jesús de Nazareth con su especial testimonio de Amor y de Libertad.
Saint Simon aliñaba su predicamenta con encendidas críticas a la Moral, Filosofía y Religión tradicionales, apelando al “espíritu de unión de toda la Humanidad”, ya asistida por las “bendiciones del Industrialismo”.
Marx y Engels, padres del ”socialismo científico” hicieron suyas todas las críticas saintsimonianas a lo “viejo” al tiempo que imponían radicales diferencias entre el “utópico” procedimiento preconizado por el conde Saint Simon con sus discípulos y la base radicalmente materialista de su propia “Ciencia”: todo viene de la materia y va a la materia, lo que nos obliga a dejar de hablar de fraternal entendimiento de las personas, condenando al museo de la Historia a todo lo que suena a Trabajo, Generosidad y Libertad para, renunciando a lo que nos pide la propia conciencia, reconocer que toda la historia es la historia de la lucha de clases de forma que el individuo aislado no es más que un pobre ser sin valor trascedente alguno por lo que no le cabe otra solución que la de sumergir voluntad y capacidad de obrar en las corrientes de la “conciencia colectiva”. Eso es lo que pretenden hacernos creer los socialistas más o menos fieles a la herencia marxista.
Echando en el mismo saco todo lo dicho y escrito por el conde de Saint Simon, Marx, Engels, Berenstein, Lenin, Trosky, Stalin, Sorel, Marcuse, Sartre, etc., etc…, llegamos al eclectismo socialista del siglo XXI, en la que ya no se habla de lucha de clases, dictadura del proletariado y, mucho menos, de Justicia Social: lo que priva es adocenar voluntades con demagógicas consignas y el torticero truco de que “los otros no son perfectos, luego los buenos somos nosotros”.
Con lo que en España estamos viendo y sufriendo… ¿no ha llegado aun la hora de que despierte la conciencia de todos y cada uno de nosotros para que, en uso del sentido común, sepamos distinguir con nuestro voto a los embaucadores de los que no lo son?
jueves, 28 de abril de 2011
lunes, 25 de abril de 2011
NOS TOCA HABLAR DE POLITICA
Sobre todo ahora, próximos a decidir sobre quien ha de gobernar en los pueblos y mayor parte de las regiones de España ¿Que no quieres saber nada de política porque estás desengañado de los políticos? Recapacita un poco y reconoce que no todos los políticos son iguales. Sin ir más lejos, puedes comparar la política de Esperanza Aguirre en la Comunidad de Madrid con la de Chaves o Griñán en Andalucía, la de Bono en Castilla la Mancha, la de Montilla en Cataluña, etc., etc., ¿Qué me dices si, frente a lo que está haciendo y no haciendo Zapatero recordamos a cualquier otro de los presidentes de gobiernos que han pasado por la Moncloa? con la mano en el corazón, ¿puedes citar a otro peor? Y ¿qué se puede decir de los políticos que comparten sus ideas y siguen no pocos de sus pasos?
Reconoce conmigo que la Política, como tantas cosas en la vida, puede ser buena o mala. Claro que es rematadamente mala la política que, a nivel nacional, sufrimos los españoles durante estos últimos larguísimos siete años: ¿ello no es una buena razón para, más que dejarnos guiar por falsas promesas, mentiras o sonrisas que no sabe uno qué quieren decir, nos tomemos en serio la oportunidad de votar a una persona que nos inspira y merece confianza? Cuando hemos conocido adónde nos llevan los proyectos esperpénticos que, en el mejor de los casos, se traducen en inútiles despilfarros ¿desperdiciaremos la ocasión de corregir con nuestro voto el cambio de rumbo?
Claro que la Política no tiene por qué apoyarse en dogmas como si fuera una religión: para ser lo que nos conviene, la buena política no tiene porque sobrepasar al “arte de lo posible” como, tan oportunamente, dejó escrito W. Churchill, ello aplicado, naturalmente, a la correcta administración de los bienes públicos y a la protección de derechos y libertades para que todos nosotros podamos corresponder con el deber de ciudadanos responsables.
En razón de ello, analicemos con más reflexión que obcecación o pasión ciega lo que nos ofrecen los que solicitan nuestro voto.
Por sus obras les conoceréis, es una expresión evangélica que nos viene muy bien a la hora de enjuiciar a los candidatos.
Reconoce conmigo que la Política, como tantas cosas en la vida, puede ser buena o mala. Claro que es rematadamente mala la política que, a nivel nacional, sufrimos los españoles durante estos últimos larguísimos siete años: ¿ello no es una buena razón para, más que dejarnos guiar por falsas promesas, mentiras o sonrisas que no sabe uno qué quieren decir, nos tomemos en serio la oportunidad de votar a una persona que nos inspira y merece confianza? Cuando hemos conocido adónde nos llevan los proyectos esperpénticos que, en el mejor de los casos, se traducen en inútiles despilfarros ¿desperdiciaremos la ocasión de corregir con nuestro voto el cambio de rumbo?
Claro que la Política no tiene por qué apoyarse en dogmas como si fuera una religión: para ser lo que nos conviene, la buena política no tiene porque sobrepasar al “arte de lo posible” como, tan oportunamente, dejó escrito W. Churchill, ello aplicado, naturalmente, a la correcta administración de los bienes públicos y a la protección de derechos y libertades para que todos nosotros podamos corresponder con el deber de ciudadanos responsables.
En razón de ello, analicemos con más reflexión que obcecación o pasión ciega lo que nos ofrecen los que solicitan nuestro voto.
Por sus obras les conoceréis, es una expresión evangélica que nos viene muy bien a la hora de enjuiciar a los candidatos.
miércoles, 20 de abril de 2011
¿Ser de izquierdas en el Siglo XXI?
Desde la óptica de quien no es ni de izquierdas, ni de derechas, ni todo lo contrario, pero sí que preocupado porque el elegido para gobernar, gobierne en razón de las exigencias del bien común y no “alienado” por una obsoleta ideología, pregunto ¿qué pretende y a qué aspira la izquierda española ya entrado el siglo XXI cuando ha quedado muy claro a qué conduce cualquier “moderna equivalencia” de la “Dictadura del Proletariado”, incluido el truco marxista-leninista de que los “explotadores se conviertan en explotados”?
Si le preguntamos al señor Rodríguez Zapatero (más “rojo” que social-demócrata, según propia confesión), seguro que te contestará una cosa y la contraria. Si le preguntamos a don Tomás Gómez ¿seguirá respondiendo aquello de hacer por la Comunidad de Madrid lo que el señor Rodríguez Zapatero ha hecho por España? Y si, como ciudadanos de Alcorcón, le preguntamos otro tanto al señor Cascallana ¿qué nos responderá? ¿es izquierdista seguir la “doctrina” y “acción” del señor Rodríguez Zapatero o las “consignas” de don Tomás Gómez? ¿lo es gastar más de lo que se ingresa o entretener al personal proponiendo los nuevos “valores” de ese “progresismo de pacotilla” para el que todo vale según la predicamenta de alguna ministra, que está en la mente de todos, pero de cuyo nombre no quiero acordarme?
Seamos serios y reconozcamos que en España, incluido Alcorcón, están muy lejos los tiempos en que los de izquierdas decían interpretar el sentir de los buenos mientras que, para esos mismos, las derechas eran lo peor de lo peor, aunque los acusados de derechistas lo fueran por el simple hecho de haber abrazado la doctrina del amor y de la libertad, sintiéndose cristianos y por lo tanto “obligados” a trabajar por el progreso y bienestar de todos, llámense de derechas o de izquierdas, lo que, al parecer, para algunos ya era motivo suficiente para dejar de existir. ¿Es eso lo que se quiere dar a entender con al demagógico e hipócrita artilugio de la “Memoria Histórica”?
Si le preguntamos al señor Rodríguez Zapatero (más “rojo” que social-demócrata, según propia confesión), seguro que te contestará una cosa y la contraria. Si le preguntamos a don Tomás Gómez ¿seguirá respondiendo aquello de hacer por la Comunidad de Madrid lo que el señor Rodríguez Zapatero ha hecho por España? Y si, como ciudadanos de Alcorcón, le preguntamos otro tanto al señor Cascallana ¿qué nos responderá? ¿es izquierdista seguir la “doctrina” y “acción” del señor Rodríguez Zapatero o las “consignas” de don Tomás Gómez? ¿lo es gastar más de lo que se ingresa o entretener al personal proponiendo los nuevos “valores” de ese “progresismo de pacotilla” para el que todo vale según la predicamenta de alguna ministra, que está en la mente de todos, pero de cuyo nombre no quiero acordarme?
Seamos serios y reconozcamos que en España, incluido Alcorcón, están muy lejos los tiempos en que los de izquierdas decían interpretar el sentir de los buenos mientras que, para esos mismos, las derechas eran lo peor de lo peor, aunque los acusados de derechistas lo fueran por el simple hecho de haber abrazado la doctrina del amor y de la libertad, sintiéndose cristianos y por lo tanto “obligados” a trabajar por el progreso y bienestar de todos, llámense de derechas o de izquierdas, lo que, al parecer, para algunos ya era motivo suficiente para dejar de existir. ¿Es eso lo que se quiere dar a entender con al demagógico e hipócrita artilugio de la “Memoria Histórica”?
sábado, 16 de abril de 2011
¿Porqué no gobierna usted ahora, señor Presidente?
Cuando vemos cómo España, que iba muy bien hace ocho años, va ahora mal, muy mal, el señor Rodríguez Zapatero, sin duda que presionado por sus compañeros de viaje, dice que se va pero sin moverse del sillón presidencial y así, ocurra lo que ocurra…, nos sentimos obligados a preguntar ¿un año más, señor Presidente?
En su actual situación, el señor Presidente del Gobierno de España puede dejar en segundo plano el congraciarse con los que viven de sus mercedes y aplicarse a gobernar en beneficio de todos. Ingenuamente, es lo que muchos de nosotros estábamos esperando y de lo que no vemos pruebas por ninguna parte:
¿No podría evitar que ETA vuelva a entrar en las instituciones, sea con marca blanca o con la permisividad más o menos afines?
¿No podría convencer a quien corresponda de que ya es hora de dar la cara sobre el caso Faisán, ese torticero chivatazo a ETA que, según el informe de la Policía, tuvo un móvil político y favoreció a los terroristas; o sobre la liberación del etarra Troitiño y el por qué en las actas de negociación con los terroristas, el gobierno socialista les ofreció -a ETA, sí- el fin de la Doctrina Parot?
Sobre todo lo que está ocurriendo en Andalucía ¿no debería hablar claro el señor Presidente, aunque ello implique poner la cara colorada a su vicepresidente tercero?
En el tratamiento de la crisis con lo que hace o deshace, incluidos sus viajes al Exterior (ejemplo, China), ¿qué le impide a usted, señor Presidente, aplicar lo que corresponde y hablar sin ambages sobre las dificultades que encuentra para salir adelante y gobernar, que eso es lo que un Presidente de Gobierno debe hacer en razón del puesto que ocupa, ha sido elegido, el mandato constitucional exige y los españoles esperamos?
Por demás, seguro que no encontrará usted mejor ocasión para decir que no a las desorbitadas pretensiones de tantos y tantos sectores “particularistas”, a los que importa un bledo la integridad y prosperidad de nuestra España. A nosotros sí que nos importa.
En su actual situación, el señor Presidente del Gobierno de España puede dejar en segundo plano el congraciarse con los que viven de sus mercedes y aplicarse a gobernar en beneficio de todos. Ingenuamente, es lo que muchos de nosotros estábamos esperando y de lo que no vemos pruebas por ninguna parte:
¿No podría evitar que ETA vuelva a entrar en las instituciones, sea con marca blanca o con la permisividad más o menos afines?
¿No podría convencer a quien corresponda de que ya es hora de dar la cara sobre el caso Faisán, ese torticero chivatazo a ETA que, según el informe de la Policía, tuvo un móvil político y favoreció a los terroristas; o sobre la liberación del etarra Troitiño y el por qué en las actas de negociación con los terroristas, el gobierno socialista les ofreció -a ETA, sí- el fin de la Doctrina Parot?
Sobre todo lo que está ocurriendo en Andalucía ¿no debería hablar claro el señor Presidente, aunque ello implique poner la cara colorada a su vicepresidente tercero?
En el tratamiento de la crisis con lo que hace o deshace, incluidos sus viajes al Exterior (ejemplo, China), ¿qué le impide a usted, señor Presidente, aplicar lo que corresponde y hablar sin ambages sobre las dificultades que encuentra para salir adelante y gobernar, que eso es lo que un Presidente de Gobierno debe hacer en razón del puesto que ocupa, ha sido elegido, el mandato constitucional exige y los españoles esperamos?
Por demás, seguro que no encontrará usted mejor ocasión para decir que no a las desorbitadas pretensiones de tantos y tantos sectores “particularistas”, a los que importa un bledo la integridad y prosperidad de nuestra España. A nosotros sí que nos importa.
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Voto libre y útil
viernes, 15 de abril de 2011
¿Valores de la Izquierda?
Hoy, viernes 15 de julio, una nutrida y expectante parte de los vecinos de Alcorcón, hemos acudido a conocer a los candidatos que presenta el Partido Popular para presidir los distintos ayuntamientos de la Comunidad. Partiendo de realidades bien probadas, se nos habló de que, en lugar de saltos en el vacío, el buen gobierno, identificado con el incondicional servicio a todos los ciudadanos, se apoya tanto en una economía de eficacia y austeridad como en una política empeñada en cumplir lo que se puede prometer y se promete todo ello en el mutuo respeto, la trasparencia y la veracidad. Nada que objetar y sí una ilusionante espera hasta que llegue el día de votar.
Pero no todo ocurrió como, razonablemente, era de esperar: no se sabe si paniaguados o no, un reducido grupo de ciudadanos de acá o de allá pretendió dar la nota sin mayores argumentos que un ridículo y enorme cartel esgrimido entre gritos, pitidos e insultos.
Claro que sus desaforados esfuerzos, más que servir de algo, fue el motivo para que, una vez transcurrido el brillante y convincente acto, unos amigos empezásemos a disertar sobre el sentido común y los pretendidos valores de los que se llaman izquierdistas. Se les compadeció por no querer ver que aquello, con lo que dicen seguir soñando, ya dio todo lo que tenía que dar en la calamitosa experiencia soviética y sigue tirando hacia atrás a países como Cuba, Corea del Norte y unos cuantos más que están en la mente de todos: cosa que saben muy bien los ilustrados de esa misma Izquierda, quienes, para salir del paso y ofrecer sea lo que sea, entretienen a los más ingenuos con aberraciones, mentiras y propuestas que, sin rebozo alguno, meten en el saco del progresismo.
Hemos asistido en España a una sistemática ridiculización de valores a los que la libre reflexión considera en radical sintonía con la Realidad y que, con toda evidencia, han acompañado a las más productivas y generosas acciones humanas.
Lo contrario significa un gratuito enfrentamiento con la genuina realidad del ser que vive en hambre de ser más de lo que es y que, para avanzar hacia su plenitud, necesita la forja en el trabajo solidario y en la proyección social de lo mejor de sí mismo, tareas imposibles sin el aliño de una fe en el sentido trascendente de la propia vida; el no reconocimiento de la realidad del ser humano y su circunstancia implica la ridiculización de valores como la libertad, el trabajo solidario, la generosidad, la conciencia de las propias limitaciones y cuanto nos lleva a la certeza de que todos y cada uno de nosotros necesitamos de todos los demás en un clima de reciprocidad y responsabilidad.
Señores de la izquierda, mientras no cambiéis de maneras y actitudes, no tenéis derecho alguno a consideraros superiores a los demás en ejemplaridad y, mucho menos, en espíritu democrático.
Pero no todo ocurrió como, razonablemente, era de esperar: no se sabe si paniaguados o no, un reducido grupo de ciudadanos de acá o de allá pretendió dar la nota sin mayores argumentos que un ridículo y enorme cartel esgrimido entre gritos, pitidos e insultos.
Claro que sus desaforados esfuerzos, más que servir de algo, fue el motivo para que, una vez transcurrido el brillante y convincente acto, unos amigos empezásemos a disertar sobre el sentido común y los pretendidos valores de los que se llaman izquierdistas. Se les compadeció por no querer ver que aquello, con lo que dicen seguir soñando, ya dio todo lo que tenía que dar en la calamitosa experiencia soviética y sigue tirando hacia atrás a países como Cuba, Corea del Norte y unos cuantos más que están en la mente de todos: cosa que saben muy bien los ilustrados de esa misma Izquierda, quienes, para salir del paso y ofrecer sea lo que sea, entretienen a los más ingenuos con aberraciones, mentiras y propuestas que, sin rebozo alguno, meten en el saco del progresismo.
Hemos asistido en España a una sistemática ridiculización de valores a los que la libre reflexión considera en radical sintonía con la Realidad y que, con toda evidencia, han acompañado a las más productivas y generosas acciones humanas.
Lo contrario significa un gratuito enfrentamiento con la genuina realidad del ser que vive en hambre de ser más de lo que es y que, para avanzar hacia su plenitud, necesita la forja en el trabajo solidario y en la proyección social de lo mejor de sí mismo, tareas imposibles sin el aliño de una fe en el sentido trascendente de la propia vida; el no reconocimiento de la realidad del ser humano y su circunstancia implica la ridiculización de valores como la libertad, el trabajo solidario, la generosidad, la conciencia de las propias limitaciones y cuanto nos lleva a la certeza de que todos y cada uno de nosotros necesitamos de todos los demás en un clima de reciprocidad y responsabilidad.
Señores de la izquierda, mientras no cambiéis de maneras y actitudes, no tenéis derecho alguno a consideraros superiores a los demás en ejemplaridad y, mucho menos, en espíritu democrático.
jueves, 14 de abril de 2011
APUNTE SOBRE LOS "ABUELOS" DEL SOCIALISMO ESPAÑOL
Fundador y “padre” del socialismo español fue Pablo Iglesias, a quien el PSOE y UGT deben sus siglas.
La historia nos dice que los principales movimientos reivindicativos españoles de finales del siglo XIX llevaban el sello de lo que se llamó anarco-sindicalismo. Por aquel entonces, en esa órbita se movía Anselmo Lorenzo, uno los delegados españoles en la Primera Internacional; como tal, viajó a Londres, participó en las sesiones de 1871 y tuvo ocasión de conocer a Carlos Marx, que le dejó sorprendido e, incluso, desconfiado ante el caudal de “ciencia burguesa” de que hacía gala; simpatizó más con el “socialismo anti-autoritario” de Bakunin.
Se cree que fue la falta de sintonía con la rama marxista de la Primera Internacional lo que movió al propio Carlos Marx a encomendar a su hija Laura y al marido de ésta, Pablo Lafargue, la tarea de adoctrinar a los españoles en lo que ya empezaba a llamarse “socialismo científico”.
Es así cómo, bajo los auspicios marxistas de Laura y Pablo Lafargue, el 7 de julio de 1872, se constituyó en Madrid la Federación Española de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT o Primera Internacional), ya bajo la destacada participación de Pablo Iglesias.
Por lo que sabemos de la pareja Laura y Pablo, ella, a la par que defensora incondicional de la obra de su padre, se sentía romántica e indisolublemente ligada a su marido, médico cubano nacionalizado francés, dos años mayor que ella y no menos romántico y enamorado: a poco de conocerse, ambos se juraron que su pasión no podía sobrevivir a la decrepitud de los sentidos y, en consecuencia, dejarían de vivir cuando el amor físico empezara a perder su atractivo ¿fue esa la exclusiva razón de un suicidio compartido en la habitación de un hotel parisino el 26 de noviembre de 1911?
Otro día os hablaré de la principal obra escrita por Pablo Lafargue: el Derecho a la Pereza, de la que, en Wikipedia, encontramos la siguiente referencia: Fue uno de los textos más difundidos de la literatura socialista mundial, probablemente sólo superado por el “Manifiesto Comunista de Karl Marx y Fiedrich Engels.
La historia nos dice que los principales movimientos reivindicativos españoles de finales del siglo XIX llevaban el sello de lo que se llamó anarco-sindicalismo. Por aquel entonces, en esa órbita se movía Anselmo Lorenzo, uno los delegados españoles en la Primera Internacional; como tal, viajó a Londres, participó en las sesiones de 1871 y tuvo ocasión de conocer a Carlos Marx, que le dejó sorprendido e, incluso, desconfiado ante el caudal de “ciencia burguesa” de que hacía gala; simpatizó más con el “socialismo anti-autoritario” de Bakunin.
Se cree que fue la falta de sintonía con la rama marxista de la Primera Internacional lo que movió al propio Carlos Marx a encomendar a su hija Laura y al marido de ésta, Pablo Lafargue, la tarea de adoctrinar a los españoles en lo que ya empezaba a llamarse “socialismo científico”.
Es así cómo, bajo los auspicios marxistas de Laura y Pablo Lafargue, el 7 de julio de 1872, se constituyó en Madrid la Federación Española de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT o Primera Internacional), ya bajo la destacada participación de Pablo Iglesias.
Por lo que sabemos de la pareja Laura y Pablo, ella, a la par que defensora incondicional de la obra de su padre, se sentía romántica e indisolublemente ligada a su marido, médico cubano nacionalizado francés, dos años mayor que ella y no menos romántico y enamorado: a poco de conocerse, ambos se juraron que su pasión no podía sobrevivir a la decrepitud de los sentidos y, en consecuencia, dejarían de vivir cuando el amor físico empezara a perder su atractivo ¿fue esa la exclusiva razón de un suicidio compartido en la habitación de un hotel parisino el 26 de noviembre de 1911?
Otro día os hablaré de la principal obra escrita por Pablo Lafargue: el Derecho a la Pereza, de la que, en Wikipedia, encontramos la siguiente referencia: Fue uno de los textos más difundidos de la literatura socialista mundial, probablemente sólo superado por el “Manifiesto Comunista de Karl Marx y Fiedrich Engels.
martes, 12 de abril de 2011
USO Y ABUSO DE LA DEMAGOGIA
Palabras, palabras, infinitas palabras... han tejido el soporte de una acepción de la vida y destino humano que, como muy bien podemos comprobar, se ha dado de bruces con la propia Realidad: ni el materialismo o cualquiera de las mil formas de colectivismo han resultado ni resultan propios de la condición de nuestros hombres y mujeres.
Palabras, palabras, infinitas palabras, que siguen destellando con fuerza en el totum revolutum de la Demagogia, cuya tiranía es, probablemente, el más sutil de los virus que amenazan la supervivencia de una Democracia.
La Demagogia se expresa en artificios retóricos al estilo de “te mereces todo aunque no hagas nada”, “tú eres malo, luego yo soy bueno”... o en torrentes de medias verdades en donde, desde la crasa inoperancia, se diluyen las secretas intenciones de acaparamiento, de corrupción y de abuso de poder.
La Demagogia se hace fuerte en tópicos e idealismos trasnochados, se recrea en la ignorancia colectiva y rechaza cualquier análisis profundo de la Realidad político-social del momento, algo que debiera ser elemental punto de partida para una mínima, libre y constructiva reflexión del votante.
El votante responsable, sea cual sea su situación o nivel cultural, está obligado a “autovacunarse” contra la demagogia y sus más frecuentes expresiones: algo que, en la mayoría de los casos, no es más que un burdo, descarado y superficial disfraz de la mentira, que siempre aspira a ser la alcahueta de los torpes deseos de avasallar al ingenuo.
Pueden ser mentira la división de poderes, la estimación de capacidades en los altos funcionarios, los méritos a considerar en la asignación de puestos de responsabilidad en la Administración, la teórica prevención de abusos, la información sobre los entresijos de la realidad económica, la imagen de las formas de vivir, hasta el proclamado resultado de las urnas... Aliñadas por la demagogia, resultarán inevitables particularidades de la situación
Una situación política apoyada en la demagogia no pasa de ser una soterrada y triste dictadura, en donde las sagradas libertades, una a una, son neutralizadas por lo que Tocqueville llamara “instintos salvajes de la Democracia”.
Para ti y para mí existe un medio, más o menos “reconocible”, de neutralizar los efectos de esos “instintos salvajes”: Seamos tú y yo buenos demócratas y avispados electores, lo que es tanto como decir apasionados y activos defensores de la Libertad Responsabilizante a la luz de nuestra propia conciencia y en sintonía con las necesidades de nuestros semejantes: en buena parte, depende de ello la supervivencia de nuestra joven, débil y agónica Democracia y la neutralización del, hoy por hoy, poderosísimo opio de la “conciencia colectiva”, eso en que se sigue apoyando alguna trasnochada ideología.
Palabras, palabras, infinitas palabras, que siguen destellando con fuerza en el totum revolutum de la Demagogia, cuya tiranía es, probablemente, el más sutil de los virus que amenazan la supervivencia de una Democracia.
La Demagogia se expresa en artificios retóricos al estilo de “te mereces todo aunque no hagas nada”, “tú eres malo, luego yo soy bueno”... o en torrentes de medias verdades en donde, desde la crasa inoperancia, se diluyen las secretas intenciones de acaparamiento, de corrupción y de abuso de poder.
La Demagogia se hace fuerte en tópicos e idealismos trasnochados, se recrea en la ignorancia colectiva y rechaza cualquier análisis profundo de la Realidad político-social del momento, algo que debiera ser elemental punto de partida para una mínima, libre y constructiva reflexión del votante.
El votante responsable, sea cual sea su situación o nivel cultural, está obligado a “autovacunarse” contra la demagogia y sus más frecuentes expresiones: algo que, en la mayoría de los casos, no es más que un burdo, descarado y superficial disfraz de la mentira, que siempre aspira a ser la alcahueta de los torpes deseos de avasallar al ingenuo.
Pueden ser mentira la división de poderes, la estimación de capacidades en los altos funcionarios, los méritos a considerar en la asignación de puestos de responsabilidad en la Administración, la teórica prevención de abusos, la información sobre los entresijos de la realidad económica, la imagen de las formas de vivir, hasta el proclamado resultado de las urnas... Aliñadas por la demagogia, resultarán inevitables particularidades de la situación
Una situación política apoyada en la demagogia no pasa de ser una soterrada y triste dictadura, en donde las sagradas libertades, una a una, son neutralizadas por lo que Tocqueville llamara “instintos salvajes de la Democracia”.
Para ti y para mí existe un medio, más o menos “reconocible”, de neutralizar los efectos de esos “instintos salvajes”: Seamos tú y yo buenos demócratas y avispados electores, lo que es tanto como decir apasionados y activos defensores de la Libertad Responsabilizante a la luz de nuestra propia conciencia y en sintonía con las necesidades de nuestros semejantes: en buena parte, depende de ello la supervivencia de nuestra joven, débil y agónica Democracia y la neutralización del, hoy por hoy, poderosísimo opio de la “conciencia colectiva”, eso en que se sigue apoyando alguna trasnochada ideología.
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