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lunes, 26 de septiembre de 2011

Desde Alcorcón para toda España

   En su reciente visita a Alcorcón (25-9-11), los señores Cascallana, Pérez Rubalcaba y Gómez, los mismos que presumen de políticos de talla excepcional, han ignorado deliberadamente la más que preocupante realidad político-económico-social de España tras siete años y medio de un gobierno en el que tuvo parte activa, muy activa, el señor Pérez Rubalcaba mientras que el señor Cascallana arruinaba a nuestra ciudad con sus caprichos y despilfarros y el señor Gómez, que presumió de “Invictus”, pretendía demostrar que, a su lado, todo es posible.
   Ya somos muchos los que no vemos carisma alguno ni el mínimo vestigio de sinceridad en el personaje que a unos les pide que le llamen Alfredo y a otros les exige el tratamiento de “señor” (¿de la vieja escuela, tal vez?). Presume de cercano, inteligente y humilde, pero no acierta a dar pruebas sobre su sinceridad, sobre todo cuando esgrime y vuelve a esgrimir eso tan fofo y fuera de lugar de  “ojo, que viene la derecha” ¿Pretende que todo siga igual (por sus obras les conoceréis)  para que unos pocos vivan espléndidamente del cuento y que el resto de los españoles se las apañen como puedan.
   Dicho señor Pérez Rubalcaba acaba de decir algo así como que la racionalidad administrativa de los actuales gobiernos autonómicos del PP es la "avanzadilla" de las políticas de extrema derecha de Mariano Rajoy, si llega al gobierno de España. ¿Qué haría él para disminuir la monstruosidad de las heredadas deudas y la forzada incontinencia del gasto público, eso mismo que nos ha llevado a cinco millones de parados, a que los bancos sevean incapaces de agilizar los necesarios créditos y a 0 inversiones en economía productiva? Podemos  pensar que ni él mismo se cree sus incendiarias consignas y que lo que realmente quiere es ganar por un lado los votos que pierde por otro, cosa que nadie puede negar que responde a torticeras estrategias de una propaganda política a ras del suelo ¿por ventura pretende ejercer de salvador de la Patria promoviendo la economía improductiva, incrementando hasta “niveles griegos” el gasto público y frenando las reales oportunidades de salir de la Crisis?
   Haciendo eco de palabras y actitudes del aspirante a jefe de gobierno de nuestra España, el señor Gómez, presidente de la Federación Socialista Madrileña, ha venido a decir que Mariano Rajoy, quiere para España lo que la presidenta de la Comunidad, Esperanza Aguirre, "está haciendo para Madrid", ello luego de mentir descaradamente sobre las evidentes mejoras que palpamos los madrileños en Sanidad y Educaciones, cuestiones tan esenciales en lo que ellos y nosotros llamamos Bienestar Social. Claro que, con ello, parece reiterar aquello suyo tan recurrente de hacer en la Comunidad de Madrid, lo que su líder, el señor Rodríguez Zapatero, estaba haciendo en España: es lo que podemos pensar cuando dice lo que dice.  
   El señor Cascallana, por su parte, se ha presentado como conspicuo hombre de gobierno y el protagonista bueno de la película: ha corrido un tupido velo sobre cualquier clase de explicación respecto a su catastrófica herencia para defender la "decencia" con la que gobernó el PSOE nuestra ciudad, "por mucho que se intenten linchamientos personales", ha dicho sin mover un músculo del rostro. ¿Llama usted linchamientos personales al legítimo interés por saber en qué y por qué ha endeudado usted a la ciudad de Alcorcón en la astronómica cifra de más de 250 millones de euros, es decir, algo así como cuarenta y cinco mil millones de pesetas? Sea usted un poquito más serio y, de paso, exija a su continuadora que sea más comedida, señor Cascallana.
   El caso es que este pasado 25 de septiembre, desde Alcorcón para toda España, los señores Cascallana, Pérez Rubalcaba y Goméz han lanzado una campaña de monumental despiste: no han hecho la mínima autocrítica y lo único que han pretendido vender es que, si ganan, aunque todo seguirá igual que con el señor Rodríguez Zapatero, con el que fue y sigue siendo uña y carne el señor Pérez Rubalcaba, los españoles, sin dar un palo al agua, serán más buenos y felices por arte de birlí-birloque.

martes, 13 de septiembre de 2011

¿Qué es, en realidad, el socialismo español?

    Según  la Historia,  el Partido Socialista Obrero Español fue fundado  por el tipógrafo Pablo Iglesias Posse  (1850-1925) el 2 de mayo 1879 en la  taberna Casa Labra de Madrid (Tetuán, 12). De familia muy pobre y huérfano desde los  9 años,  Pablo Iglesias aprendió el oficio de tipógrafo y vivió de él  al tiempo que se dejaba  arrastrar por los movimientos reivindicativos que empezaban a cobrar fuerza en la España del Sexenio Revolucionario;  en 1869 se afilió a  la Asociación Internacional de los Trabajadores, cuyos líderes eran entonces Marx, Engels y Bakunin, éste en franca rivalidad con los otros dos, más partidarios del  llamado “socialismo científico” (el de la dictadura del Proletariado como objetivo esencial de la revolución)  que del “socialismo libertario”  (anarquismo),  propugnado por  Bakunín,  cuyo delegado en España, un tal Fanelli,  contaba con buen número de seguidores.  
    Para tratar de comer terreno a los bakunistas,  Marx delegó los asuntos de España en su hija Laura, marxista sin fisuras, y en el marido de ésta, el franco-cubano  Paul  Lafargue, antiguo proudhoniano  que, por  consideración a su esposa y suegro,  decía ser marxista aunque distaba mucho de considerarse a sí mismo un redimible  proletario;  de él es lo siguiente:  «El fin de la revolución no es el triunfo de la justicia, de la moral, de la libertad y demás embustes con que se engaña a la Humanidad desde hace siglos, sino trabajar lo menos posible y gozar intelectual y físicamente lo más posible; al día siguiente de la revolución habrá que empezar a divertirse».  En consecuencia con tal proclama, hizo furor un singular panfleto suyo titulado “Derecho a la Pereza”  en el que defendía  el “derecho” a no trabajar más de tres horas diarias haciendo el resto del tiempo lo que a uno le venga en gana sin preocuparse lo más mínimo por la suerte de los demás.  Asumiendo que estaba en este mundo no  más que  para gozar hasta que el cuerpo aguante, se juramentó con Laura Marx, su esposa, a no vivir más allá de los setenta años y, efectivamente, ambos se suicidaron en 1911 cuando él estaba a punto de cumplirlos. Ésta es la pareja que, de hecho, introdujo el Marxismo en España hace ahora unos ciento treinta años (1871)
   Afincados en Madrid, hicieron valer sus ideas  en estrecho contacto con los líderes obreristas de entonces  en especial con Pablo Iglesias, quien, de inmediato, se declaró incondicionalmente marxista, y también con Anselmo Lorenzo, que siguió defendiendo su socialismo autogestionario con argumentos que decía encontrar en el propio Lafargue  “ dos aspectos diferentes, que le hacían parecer en constante contradicción: afiliado al socialismo marxista, era anarquista comunista por íntima convicción, pero enemigo de Bakunin por sugestión de Marx, procuró dañar al anarquismo; debido a esta doble manera de ser, produjo diferente efecto en quienes se relacionaban con él.»  
   Si excluimos  al matrimonio Lafargue-Marx,  la iconografía socialista española no cuenta con referencias intelectuales del eco internacional despertado por Bernstein, Kautski, Luxemburgo,  Guesde,  Jaurés,  Sorel..,  de forma que la pretendida coherencia de la ideología socialista española parece  compuesta de retazos de unos y de otros sin otra desvahida referencia central que la del marxismo revolucionario de los primeros tiempos. ¿Es ésa la razón por la que el expresidente Felipe González lanzó en el congreso socialista de mayo de 1979 aquello de “soy socialista antes que marxista”? Y eso ¿qué es? preguntamos  no pocos españoles.
    Esperamos la respuesta, a poder ser,  del propio candidato socialista a la Presidencia del Gobierno de España .

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Hablemos del candidato Rubalcaba

   Sesenta años de edad muy bien aprovechados  en vida familiar, estudios y carrera política. Primeros estudios en el prestigioso Colegio del Pilar de Madrid, cuyo lema es “la verdad os hará libres”.   En una entrevista  de Juan José Millás (El País, junio 2010), Alfredo Pérez Rubalcaba, se retrata a sí mismo recordando a un detective de novela negra: “Si no fuera malo, estaría muerto, y, si no fuera dulce, no podría vivir”
   Por su forma de hablar, de hacer ver que escucha y de responder a recriminaciones o preguntas más o menos embarazosas, el candidato Rubalcaba da el aire de un hombre curtido en mil batallas y que no muestra su verdad más que en las ocasiones que realmente le convienen. ¿Es político por vocación, por afán de dominio o por simple deseo de evasión respecto a la prosaica disciplina de profesor universitario como doctor en Ciencias Químicas  por la Universidad Complutense de Madrid (1978, con 27 años de edad)?
    -Fui un chaval muy religioso, confiesa al escritor-periodista,  hasta los 14 o 15 años, que entré en lo que llamábamos "crisis de fe", una crisis que me condujo a separarme de la religión hacia los 16 o los 17 años. No es una trayectoria singular. Yo, como mucha gente de mi generación, no elegí ser político. Llegué a la izquierda desde el antifranquismo. Si no hubiera habido franquismo creo que hubiera sido un buen profesor. Buena parte de mi capacidad como portavoz viene de la docencia. Si es verdad que soy un buen comunicador es porque no he olvidado mi pasado de profesor.
   Al parecer, ese revulsivo “antifranquista” le sobrevino a Rubalcaba (“llamadme Alfredo”) en enero de 1969 al enterarse de la obscura muerte  de Enrique Ruano Casanova, recordado compañero de clase en el Pilar.  Un año antes,  una grave lesión muscular había  truncado su carrera de velocista (100 metros lisos en 10,9 segundos,a 5 décimas del récord)  y con 18 años edad, perdida la fe la adolescencia,  se sentía con ganas de buscar otros caminos de irrenunciable protagonismo: “Empiezas a leer, te haces delegado de curso, coqueteas con el PC, con la ORT, lees a Bakunin, a Kopropkin, tonteas con el anarquismo y acabas en el PSOE. El tránsito del anarquismo al socialismo está chupado porque socialismo es libertad”.
   Lo  ha dicho en la citada entrevista, recalcando eso de “socialismo es libertad” como queriendo hacer ver  que en sus convicciones políticas entran todas las posibles experiencias y teorías revolucionarias hasta llegar a la utopía social-demócrata  que, al parecer y según él, se alimentaría de una libertad que, a efectos políticos, está en un estadio superior  al de las convicciones y vivencias cristianas de su juventud y,  por lo mismo, para nada precisa de la verdad, de la  responsabilidad y de la generosidad, que constituyen el meollo de la libertad genuinamente evangélica, la misma a la que aspiran todas las personas de buena voluntad, sean cuales sean sus convicciones políticas o religiosas.
    Es la conclusión que cabe deducir de su destacada participación en los gobiernos  de Felipe González Márquez, primero, y de José Luis Rodríguez Zapatero, del que nadie duda que ha llegado a ser el alter ego hasta ser designado candidato socialista a presidente del Gobierno de España.
   ¿Qué ofrece al electorado el candidato Rubalcaba? Promesas y palabras, más promesas y más palabras ¿convincentes unas y otras? Por sus obras les conoceréis.
   ¿Caeremos los españoles en la trampa de olvidar la herencia de las dos deprimentes experiencias socialistas en el gobierno de nuestra España, en las que el candidato Rubalcaba  ha tenido protagonismo de primer nivel,  y  el gobierno socialista, que aun padece alguna entrañable región española, con la más o menos directa o indirecta participación del candidato Rubalcaba?