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domingo, 18 de agosto de 2013

ENTRE IDEAS, IDEOLOGIAS Y GESTIÓN POLÍTICA EFICAZ

Platón, que vivió cuatro siglos antes de la venida del Hijo de Dios al mundo, estaba obsesionado por descubrir la razón de las cosas y, como mejor explicación, encontró aquello de que cada elemento de este mundo era una especie de sombra de su padre o madre ideal. Detrás vino Aristóteles, que nos dio y sigue dando una lección de realismo al convencernos de que son los sentidos y la propia  reflexión  lo que nos permite conocer una parte de lo que son las cosas y los fenómenos a los que hemos de enfrentarnos en el día a día; no todo, porque, sobre todo en lo que más nos afecta, siempre queda algo difícil de ver, de explicar o de comprender  a las luces de nuestra  razón.
Ése  es un realismo que nos ayuda a la buena utilización de nuestra capacidad de discernimiento y, por lo mismo, a no  fiarnos de lo primero que nos dicen los “ideólogos de oficio” y, porque les llegamos a creer ciegamente o por propia rutina, a no caer en dogmatismos al estilo de todo es materia o basta que yo me imagine algo, idea o cosa, para que ese algo resulte verdadero. Dejemos a esos “ideólogos de oficio” que pierdan su tiempo, pero no el nuestro.
Las positivas ideas sí que son importantes puesto que  pensar para obrar en consecuencia es o  debería ser esencial preocupación de todos y de cada uno de nosotros, máxime cuando nos encontramos ante el dilema de tirar por aquí o por allá a la vista de un negocio, propuesta política o la irrenunciable orientación de nuestra propia vida.
En eso último sí que es fundamental el acertar a distinguir el bien del mal, suprema idea que, queramos o no, marca el camino de la vida a cada uno de nosotros. Luego viene la atención que podemos o no prestar a las ideologías, ese fenómeno en franca decadencia hasta el punto de que son muchos los que las dan por muertas.
Claro que, entre nosotros, aun siguen vivas ideologías que, por extraño que parezca, se alimentan de errores del pasado,  inventan valores que nada tienen que ver con la Ley Natural o, peor aún,  defienden formas de gobernar al estilo de las “eternas dictaduras” de Cuba o Corea del Norte.
Uno piensa que, sin buenas ideas, no se pueden marcar adecuadas reglas de conducta; por lo tanto, bueno será elegir aquellas que nos ayudan a ser felices respetando y haciendo felices a los demás. Las ideologías, en cambio,  no son más que medios para arrastrar votos de confianza y, como tal, suelen dar tanto valor a las verdades como a las apariencias, lo que hace que los aprisionados por ellas sean (seamos) menos libres a la hora de decidir por lo que, en política,  realmente interesa al común de los ciudadanos.
De hecho,  tales ideologías, las más de las veces, no ofrecen más que un conjunto de consignas sin referencia directa a valores morales y con una orientación que, si no se modifica al hilo de los dictados de la historia, además de envejecer, se convierte en la mayor traba del Progreso Real, ese mismo que nace y se alimenta en una gestión política eficaz.

Esto de la gestión política eficaz es lo que, a los ciudadanos de a pie,  realmente nos interesa valorar y exigir a los políticos que requieren nuestra colaboración a la hora de votar. Tanto mejor si  tales políticos no se apoyan en viejas ideologías para ocultar su falta de positivas ideas. 

domingo, 14 de julio de 2013

CARTA ABIERTA A JUAN ESPAÑOL

No me tengo ni por más ni por menos que tú, pero te juro que, desde que tengo uso de razón (ya estoy cerca de los ochenta), no he comulgado nunca con ruedas de molino.
Me decían, allá por los cincuenta del siglo pasado, que el comunismo era la gran esperanza contra el franquismo y, luego de estudiarle aquí y allá durante unos cuantos años, quedé convencido de que eso no era verdad: a la vista está la Cuba de hoy frente a la España del "Fuero del Trabajo" y de los “Planes de Desarrollo”.
Vino la Democracia, que nos colocó ante la necesidad de ligar la libertad política con la responsabilidad personal y veo con enorme satisfacción que, con un poquito de reflexión, podemos ver por nosotros mismos la mejor solución a la hora de votar y que, si nos equivocamos una vez, podemos rectificar a la siguiente. Pero sí que me preocupa que, a partir  del momento en que la votación de todos da el resultado que da, muchos de nosotros se conviertan o  nos convirtamos en simple eco de las palabras, palabras y más palabras, casi siempre muy bien manejadas por quien se dedica a la política sin mayor preocupación que la de ver cómo disfraza de verdad a sus grandes mentiras.
¡¡No y no!!: por nada de nada, los españoles de a pie podemos permitir que se falsee la verdad.
Claro que, en múltiples ocasiones, la verdad está oculta, muy oculta en una inmensa maraña de conveniencias políticas; pero la verdad sigue allí y, como apuntó Paul Cladel, no depende en absoluto del número de personas a las que convence.
Dicho esto, creo de lugar constatar que a mí sí que me convence la verdad de nuestro Presidente, el señor Rajoy. Digo esto a conciencia de que son muchos los que se dejan llevar por el cúmulo de medias verdades, falsedades y tonterías que llenan tal o cual espacio periodístico o tertulia, pero, querido Juan Español ¿no crees que una tontería, aunque la repitan millones de bocas, no deja de ser tontería?

viernes, 15 de junio de 2012

HABLEMOS DE LAS TERTULIAS TELEVISIVAS


Soy uno de los muchos ciudadanos que, llevado de los deseos de estar bien informado sobre la cosa pública para obrar convenientemente a la hora de votar, seguía con verdadero interés lo que se decía, comentaba y contradecía en las tertulias televisivas de aparente color neutro…
Ello ha sido así hasta que me he dado cuenta de que la mayoría de ellas, sino todas, escasean en eso que se llama ponderación y que, en román paladino, debe traducirse por  lo de “al pan, pan, y al vino, vino” y, si las sigo, es para distraerme y no para tomar nota de las mejores soluciones. Es más: he comprobado que, incluso los moderadores más afanosos por llegar a conclusiones positivas, son víctimas del presunto índice de audiencia y, para no herir susceptibilidades y quedar en paz con todo el mundo, dejan que grite más el que viene mejor pagado o menos razón tiene mientras que todos y cada uno de los otros no tienen mayor afán que el de lucirse con su particular y tantas veces vacío discursito; es así  cómo la mayoría de los sufridos televidentes optan por el abotergante “ni fu ni fa”.
Yo diría que, al igual que en el resto de los programas, en las tertulias políticas el único valor que cuenta es eso del índice de audiencia. Si ello es así ¿qué  camino nos queda a los ciudadanos de a pie para acertar a comprender cómo va realmente la economía y demás asuntos que condicionan nuestras vidas? ¿habremos de dejarnos convencer por el que más grita o por el que disimula su pobreza de argumentos con lo de que “tú eres malo, luego yo soy bueno” o “de todo lo pasado eres tú el que tiene la culpa porque no eres capaz de resolverlo en un santiamén”? ¿Sabéis de argumentos demagógicos más torticeros e  imbéciles?
Dicho todo lo dicho, permitidme un consejo: sin atávicas obsesiones, ciegas devociones por tal o cual tertuliano amigo de templar gaitas  ni estériles pesimistas interpretaciones, abrid los ojos a la realidad de lo que está ocurriendo en España: ella os hará ver que no todos los políticos son iguales y, por lo tanto, entre ellos los hay honrados, prudentes, trabajadores y más dignos de fiar que los que nos han puesto en donde estamos.  
Claro que la nuestra es muy mala situación, que, en la Aldea Global, los países emergentes están jugando su partida y nos obligan a cambiar nuestra escala de prioridades en tanto en cuanto nos están haciendo más pobres e improductivos…, pero no nos cabe otra solución que la de mirar hacia adelante, no desbarrar, soltar lastre, trabajar (incluso cuando parece que se nos cierra el camino para hacerlo e impedirnos ser todo lo que podemos ser) y procurar acertar a la hora de dar nuestra confianza y nuestro voto a los más sinceros, más eficaces y menos malos de nuestros políticos. Radicalmente mentira eso de que todos los políticos son iguales; ya lo dijo no sé quién: les hay más iguales que otros.
Por cierto, hoy por hoy, somos Europa y vivimos bajo la tiranía del Euro ¿no os habíais dado cuenta? 

lunes, 14 de mayo de 2012

¿Racionalización y multiplicación de las escasas oportunidades de empleo?


Es por imperativo moral por lo que hoy me atrevo a sugerir un remedio de urgencia a la sangría del desempleo. Quiero creer y creo que el gobierno del señor Rajoy está haciendo lo que debe y puede para recuperar la confianza de emprendedores e inversores, cuestión imprescindible para salir del atolladero en el que nos han dejado los sucesivos gobiernos de los señores  Zapatero y Rubalcaba, Rubalcaba y Zapatero.
De la herencia que está ahí, lo más sangrante e intolerable es el progresivo desempleo que, además de la ruina económica para cientos de miles de familias degrada  a tantos y tantos condenados al ocio involuntario con la terrible consecuencia de que éste se puede convertir en voluntario por tiempo indefinido.  Ante ello, uno piensa que cabe hacer algo más que las necesarias y urgentes "reformas estructurales": este algo no requiere más que un simple plumazo del BOE. 
A riesgo de caer irremisiblemente en la “incorrección política”, lo que hoy me atrevo a sugerir como remedio de urgencia a la sangría del desempleo ha de aplicarse en dos series de medidas: la primera consistirá en que los costos salariales de las empresas tengan una reducción inversamente proporcional al número de empleados que tienen o proyectan tener en nómina; la segunda es que, apoyándose en la inmediata sustitución del concepto salario mes por el salario hora en todos los ámbitos de la economía nacional, a la par que se favorece la mayor precisión entre emolumentos y presencia productiva, se incrementen todo lo que se puedan incrementar las posibilidades de que las nuevas oportunidades de empleo, que, seguramente, surgirán en cuanto pueda fluir de nuevo el crédito, beneficien a mayor número de personas; ello añadido a una envidiable situación en la que veteranos trabajadores, amas/amos de casa con acuciantes cargas familiares, amigos del pluriempleo, estudiantes y demás… se apunten a reducir tal o cual jornada de trabajo conservando los derechos adquiridos y  sin que ello afecte a la productividad de sus respectivas empresas, algunas de las cuales podrían cambiar la estructura productiva introduciendo en ella dos o más turnos.

martes, 17 de enero de 2012

NO TODOS HAN SIDO, SON, NI SERÁN IGUALES

   Claro que, mientras el mundo sea mundo, habrá debilidades, abusos, inoperancias y corrupciones en el ámbito de las sociedades, partidos políticos y otros grupos sociales.
   Pero, por mucho que se grite o se trate de justificar la mediocridad o escasísima falta de juicio de tantos y tantos que presumen de ilustrados, nadie puede sostener que los aciertos ni, tampoco, los cúmulos de debilidades, inoperancias y corrupciones sean del mismo carácter e igual intensidad en todos los casos y que, en razón de ello, ocasionen los mismos perjuicios a quienes padecen o han de padecer sus consecuencias. No puede ser de otra forma en cuanto sociedades, partidos políticos y otros grupos sociales están formados por personas  buenas, tibias o malas, con muy distinta condición, dispares criterios incluso sobre los objetivos del grupo a que pertenecen y (lo que es más determinante) sin igual buena voluntad para poner de su parte lo que haga falta para mejorar la situación;  y ¿qué decir de los líderes o principales responsables de las principales opciones políticas? ¿por qué algunos de ellos, en lugar de reconocer evidentes fallos y tropelías, hacen lo indecible para, en el mejor de los casos y cuando ya no es posible negar la evidencia, apuntar que ellos no hacen cosa que no hayan o piensen hacer los otros? ¿Qué razón hay para proclamar  o insinuar que todas las personas que participan en política harán otro tanto cuando surja la ocasión?
   Insisto: aferrarse a eso tan manido de que todos son iguales, además de una soberbia majadería, es el más pobre y falaz de los trucos de disculpa o defensa. Por demás, bien, hemos podido ver que, entre los socialistas o no socialistas, con distintos grados de inteligencia y disposición para la gestión pública, hay personas que se han distinguido por obrar de través sin otro objetivo que el de mirar por sí mismos frente a otras que han procurado cumplir con su obligación de servir a los demás.
Si hemos de centrarnos en los hechos concretos, ahí tenemos el ejemplo del gran político recientemente fallecido, don Manuel Fraga Iribarne. Creo que fue Felipe González el que dijo de él que “le cabía el Estado en la cabeza”. De lo que no cabe la menor duda es tanto de su categoría moral e intelectual como de su capacidad de gestión en plena concordancia con las circunstancias en que desenvolvió su trayectoria de servicio público durante unos sesenta años. Y verdad es que tiene muchos émulos en el Partido que fundó y, probablemente, en otros partidos que dicen mirar en distinta dirección.

viernes, 25 de noviembre de 2011

SENTIDO COMUN Y POLITICA

    Para la mayor parte de las personas, sentido común o “agudo instinto intelectual” es la facultad que, sin presiones del exterior, señala a cada uno la más conveniente opción ante una propuesta de interés general; para Aristóteles, el sentido común era como el punto de encuentro de los cinco sentidos a disposición de los análisis y dictados de la conciencia. El que esto escribe, por su parte, entiende que el sentido común, aplicado a la Política,  equivale al afán de supervivencia guiado por la inteligencia y generosidad de las personas libres.
    Según ello, bien podemos reconocer que el apoyo masivo al proyecto de renovación política que Rajoy y su equipo presentan a los españoles, es un claro triunfo del sentido común. A tenor de los resultados de las últimas elecciones generales, nadie cuenta con base para dudar de que el 20N del 2011 marca un antes y un después en la España del siglo XXI y que, pese a las previsibles dificultades, contamos ahora con un freno para no acabar en el abismo.
    Abismo era el final que se vislumbraba a la sucesión de incongruencias, despilfarros, mediocridades, contravalores, fútiles invenciones y caprichos de los últimos siete años y pico, esos mismos que cambiaron de dirección la progresiva marcha de la España reconocida por todos como ejemplar y ejemplarizante en la etapa que fue de 1996 a 2004. No necesitamos recordar que ello fue posible a la buena gestión de don José María Aznar secundado por sus ministros, en especial, por don  Mariano Rajoy Brey, titular de sucesivas carteras ministeriales y Vicepresidente primero  (27 de abril de 2000 – 4 de septiembre de 2003).
    La buena marcha de España y los españoles cambió de dirección en las Elecciones Generales del 2004 (¿os acordáis de la tragedia del 11M con sus 191 muertos  y 1.858 heridos? ) con el resultado de un gobierno a la medida de los señores  Zapatero y Rubalcaba,  corresponsables  de los millones de parados, miles de millones de deuda, subversión de valores y  de todo lo demás que nos coloca  entre las más regresivas naciones del mundo occidental.  Tanto es así que, al cabo de  siete años y pico una abrumadora mayoría del pueblo español ha dicho ¡¡basta!! para dar un voto de confianza al Partido Popular con don  Mariano Rajoy Brey a la cabeza.
    Con él ha llegado la hora de la Política con sentido común.  Trabajosa y larga va a ser la recuperación; pero no imposible si, como es de esperar, se aplican las pertinentes medidas de ajuste con buen tino en la escala de prioridades, eliminación de tantos y tantos gastos superfluos y con escrupuloso respeto a los derechos de los más débiles: bien creemos que, muy pronto, aparecerá una luz en el obscuro túnel en el que nos ha metido la política de la mediocridad, el sectarismo y la palmaria falta de sentido común y que, ojalá más pronto que tarde, se empiecen a ver los efectos de una Política de riguroso sentido común.

martes, 25 de octubre de 2011

Ni izquierdas, ni derechas, ni todo lo contrario…

Frente a los batiburrillos ideológicos sin otra substancia que majaderías al estilo de  que yo, por ser de izquierdas o de derechas, soy mejor que tú que eres de derechas o de izquierdas, esgrimimos la consigna de  Fraternidad, igualdad y libertad, la misma que traduce libertad en responsabilidad social al hacerla depender de la Fraternidad, es decir, de la GENEROSIDAD con mayúsculas.  

Fraternidad, igualdad y libertad, por este orden más que por aquel otro de Liberté, egalité y fraternité, en el que el amor al prójimo venía colocado en último lugar con las consecuencias de que la historia nos da elocuentes testimonios: Recordemos cómo en la Revolución Francesa de 1789, “madre de todas las revoluciones” y artífice de la archirepetida proclama Liberté, egalité y fraternité,  se presentaba a la libertad como paradigma de todos los valores y, de hecho y al carecer de otro alimento que las pomposas palabras, fue utilizada para justificar miles y miles de crímenes, incluidos los de los más destacados hijos de la propia revolución; como ejemplo basta recordar a madame Roland con su famosa frase cuando estaba a punto de ser guillotinada: Libertad ¡cuántos crímenes se han cometido en tu nombre!

Lo de palabras, palabras y más palabras desde cualquier barrera del espectro político y con tan escasa voluntad por ir más allá del simple espectáculo de protesta o de lo que marcan las directrices de tal o cual partido que trata a la realidad desde los viejos, viejísimos prejuicios…, es cualquier cosa menos libertad con responsabilidad.

Reducir la reflexión política a la directa confrontación entre “derechas” e “izquierdas” cuando unas y otras han perdido su sentido histórico es puro complejo de avestruz, pura obsesión por huir de la realidad o, como dejó escrito Ortega hace ya casi un siglo, pura muestra de hemiplejía intelectual.

Para ser coherente con las necesidad de que todos y cada uno de nosotros  arrimemos el hombro al trabajo por una mejor armonía y mayor progreso, la libertad de decir que no a cualquier injusticia y flagrante desorden natural con toda la fuerza del alma implica el compromiso personal de reflexionar sobre los más efectivos caminos de solución para aplicar a la tarea común lo que a cada uno de nosotros corresponde: para ello es preciso despertar a la propia inteligencia para calibrar el origen y alcance de los problemas y abrir el corazón al prójimo, empezando por el más necesitado. Ello está más allá de las izquierdas, las derechas y, también, de los que siguen soñando con el partido único y no quieren reconocer que, en pleno siglo veinte, son millones las personas de buena voluntad que siguen sintiéndose cómodas arropadas con viejos y anquilosados tópicos, los mismos que, para nuestra suerte o desgracia, privan en el momento político que vivimos. Claro que, por lo que les conviene, unos y otros deben sentirse obligados a dejar que hable el cerebro en lugar del ciego corazón.

Fraternidad, igualdad y libertad para alimentar la responsabilidad de saber lo que más conviene en los cruciales momentos que vive España ¿Sumergir cabeza y corazón en los tópicos o azuzar a la propia capacidad de reflexión para reconocer quién de los dos personajes que tienen mayores posibilidades de alzarse con el gobierno de España ofrece más garantías de su capacidad para enderezar la situación al margen de tal o cual corsé ideológico?

domingo, 16 de octubre de 2011

Próximo 20N, gran fiesta de la Democracia

   Hace ya bastantes años, en una ocasión como la del  próximo 20N, haciendo de interventor  en una de las mesas de nuestra Ciudad, en respuesta al saludo del alcalde de entonces, señor Aranda, el que esto escribe soltó eso de ¡que gane el mejor!, a lo que  el Alcalde respondió: Ganará el que más votos logre.
   Efectivamente, la mayor cantidad de votos es  lo que  permitirá que sigamos en lo mismo o que “empiece el cambio”.  Ello significa que es nuestro voto el que manda ese día en el que la Democracia se erige en indiscutible reina.  Grave e irrenunciable responsabilidad la que nos toca a todos y a cada uno de los votantes españoles.
   Cierto que, según confirma  el presidente de la Comisión Europea, señor Barroso, el socialismo deja a los españoles una  herencia envenenada. España bordea ya el precipicio por culpa del actual Gobierno: el IPC sube hasta el 3,1% y la venta de viviendas se sitúa en mínimos históricos, cayó un 38% en agosto por el efecto de la subida del IVA., etc., etc., etc.
    Pero no todo está perdido en esta España en la que tantos millones de españoles  están arrimando el hombro y otros muchos que necesitan nuevas oportunidades para hacerlo. Claro que hemos perdido pie en Economía, prestigio internacional, conciencia patriótica, eficacia administrativa y, sobre todo, en una escala de valores consecuente con la Historia el grito de la propia conciencia: de lo que se trata, ni más ni menos, es de evitar la equivocación a la hora de votar el próximo 20N.  
   En la España de hoy,  el español que no vive de la Política pero sí que la padece, está obligado a enfrentarse a “corrientes de opinión” que coartan su libertad con prejuicios y más prejuicios ideológicos, los más de ellos alimentados por la sin razón, como si los testimonios de la historia no sirvieran para nada. No es tan difícil hacer memoria, bucear en la propia conciencia con plena libertad y abrir los ojos a la realidad.
   Hace unos pocos años, en España vivíamos mejor y lo cierto es que ante nosotros está la ocasión de hacer lo posible para recuperar posiciones perdidas: los que tengan responsabilidades de gobierno, claro que están obligados a hacer lo que tienen que hacer sin  dejarse  amilanar  por las dificultades  o embaucar  por lo facilón o animalesco; pero del buen rumbo, también y mucho, somos responsables los ciudadanos de base y bien sabemos que es una soberbia majadería eso tan manido de que todos los políticos son iguales: bien está demostrado que  Zapatero es muy  distinto a todo los presidentes que le han precedido y que Rubalcaba no es igual a Rajoy.
   Se dice y parece demostrado que Rubalcaba, partícipe de primera línea en todo lo hecho y no hecho por el actual Gobierno,  está intentando hacerse fuerte potenciando los viejos mitos de la izquierda más vieja y fracasada, la de los proletarios “encadenados”  hasta que los “explotadores se conviertan en explotados” para que triunfe el “derecho a la pereza”.
   Rajoy, en cambio, ofrece abordar con valor los problemas de  particularismo y desunión,  austeridad en el gasto, olvidarse de zarandajas como la memoria histórica,  recuperar el prestigio internacional,  potenciar al máximo las oportunidades de empleo productivo, abrir puertas y ventanas a la libertad de iniciativa, mantener todo lo bueno logrado en  Sanidad y Educación…  en una línea  que algunos de sus compañeros de Partido y él mismo ya han seguido cuando tienen o han tenido responsabilidades de Gobierno: eso será gobernar  con verdad, responsabilidad, valentía y diálogo.
    En el momento del voto del próximo 20N  ¿perderemos la ocasión de dar al señor Rajoy y su equipo esa oportunidad?

sábado, 27 de agosto de 2011

El odio como arma política


   Confieso una inmensa pena por todas las personas de buena voluntad que se dejan arrastrar por la sinrazón del odio. ¿Qué es esto del odio? Nuestro Ortega y Gasset lo definió así: “Odiar a alguien es sentir irritación por su simple existencia; solo satisfaría su radical desaparición”
   Si es como lo define Ortega y la experiencia del día a día nos muestra, sin duda que, en el corazón de algunos, esto del odio crece y crece en sustitución del amor, que decrece y decrece hasta disolverse en el totum revolutum de la mediocridad.  Es entonces cuando cabe la pregunta: si permitimos moverse a sus anchas a los que se alimentan del odio ¿qué será de esas personas de buena voluntad, cuya escasa capacidad crítica les impide captar la verdadera esencia del odio y, en razón de ello, se dejan arrastrar por el verbo fácil, altisonante, odioso y barriobajero de los que no pretenden otra cosa que destruir a todo lo que sobrevive sin contar con ellos?
   Claro que ha habido, hay y seguirá habiendo abusos; por ello es de rigor que, en las ocasiones cruciales de nuestra Democracia, otorguemos nuestra confianza al que se la merece y puede mejorar lo mejorable, no al que vive y se alimenta del odio contra todo el que no es de su órbita.
   Incluso en las izquierdas, hubo y sigue habiendo  notables diferencias entre los que aspiran a traducir en bien social la evolución de los medios y modos de producción (el Marx de los años juveniles, por ejemplo) y los que se apuntan a la consigna de “destruir es una forma de crear” (Bakunin ó el Marx de Stalin  y similares): aquello podía ser considerado como una invitación al constructivo diálogo; esto no es más que una simple y descarnada expresión de odio.
   Termino con una recomendación a todas las personas de buena voluntad, incluidas las que sienten cierta simpatía por los sembradores de odio: no os fiéis de los incapaces de hacer un solo gesto de auténtico amor.

lunes, 22 de agosto de 2011

Realismo cristiano para una buena política

   Como católico que considera a la  política cosa muy seria, aunque más de uno esté empeñado en tirarla por los suelos, no veo nada bien que  tantos y tantos, que  han hecho de la política una muy lucrativa profesión, defiendan sus posiciones a base de  rastreras maniobras e insultos en lugar de "programas, programas, programas" …, que dejó dicho Anguita (¿dónde está aquella IU?), u "obras, obras, obras"…, que son amores y no simples razones, que podemos recordar desde el sentido común.
    Tentado he estado de responder  a  la retahíla de  retorcidos y blasfemos insultos contra los participantes en la JMJ 2011  con una calificación que hubiera podido parecer insultante a los mismos insultadores. Desisto de ello porque, además de creer que los que de esa manera insultan lo hacen desde una lamentable pobreza de espíritu, prefiero la reposada reflexión a la explosión de rabia.
    Si una imagen vale más que mil palabras ¿Qué decir del espectáculo de dos millones de personas procedentes de los cuatro puntos cardinales del planeta prendidos en el compromiso de trabajar por el bien de todos los demás? ¿alguien puede dudar  que el trabajar por los demás es la más noble justificación de la profesión política?
    "Y sucedió lo inesperado, escribe José Luis Restán en Páginas Digitales . Pese a los agoreros y los cínicos, pese a los acosadores y a cierta prensa canalla, pese a las propias debilidades de la Iglesia. Hay que rebuscar mucho para encontrar algo así en la reciente historia de Europa, aunque la BBC no se entere. Llegaron desde los cuatro puntos cardinales, muchos ya con experiencia a la espalda, otros con muchas dudas, todos en camino. Y encontraron a un hermano, a un maestro, a un padre. Con más precisión: a un profeta y un apóstol, el sucesor de Pedro".
    A través de España, SS Benedicto XVI , el sucesor de Pedro,  se  ha presentado una vez más al Mundo como representante, portavoz y mensajero de Aquel, que todo lo hizo bien. Y, en razón de ello, pocos son los que  no reconocen que lo que piensa, dice y hace el Papa nos concierne a todos:  “el problema de la verdad y la mentira concierne a cada hombre y a cada mujer (...) y es decisivo para un futuro pacífico de nuestro planeta”
    La Historia, que es tozuda en sus lecciones y conclusiones, nos muestra que el caos y la miseria son “productos naturales” de la mentira y del odio de unos pocos aliñados con el relativismo y la inoperancia de muchos. Bien sabemos que para el odio no hay otro remedio que la conversión interior, raro milagro para el que vive y sueña con el mal del prójimo;  el relativismo, en cambio, pierde fuerza  social ante el visible efecto de valores como el trabajo, la libertad, la generosidad y la responsabilidad, hijos todos ellos de esa Verdad (puro, simple y activo realismo cristiano), cuya eficacia política salta a la vista.
    ¿A dónde quiere uno llegar? A poner en claro que, incluso los no creyentes, ateos o agnósticos, están obligados a aceptar  al realismo cristiano como insustituible base de una buena política.

martes, 9 de agosto de 2011

¿SEGUNDA TRANSICIÓN ESPAÑOLA?

Cambian las circunstancias y, también, por eso de que “yo soy yo y mi circunstancia”, mucho o poco y, tal vez, menos en el interior que en el exterior, cambiamos las personas. En esencia,  aunque con distintas gradaciones, el “homo sapiens” sigue siendo el mismo en cuestión de odios y amores, adocenamiento en la rutina o ansias de renovación y otras insignificancias a nivel universal pero sí que determinantes en los respectivos entornos: bien seguro que una espontánea reunión de cualesquiera ciudadanos de la época de Pericles ofrecía similares discrepancias de opinión que un revoltijo de vecinos nuestros, entre los que, de pronto, surge el hablar de política. Es fácil creer que similares altercados y coincidencias se daban y se dan entre los políticos profesionales de antes y los de ahora con no se sabe si mayor o menor dosis de honrada sinceridad.

Afortunadamente, en los meses que sucedieron a  la muerte de Franco (20N/1975), de la que ya están a punto de transcurrir 36 años, muchos de los que, aunque desde distintos posicionamientos, sentían la fiebre política en sus venas, tomaron por regla de conducta la recomendación evangélica de “dejad a los muertos que entierren a sus muertos” y se aplicaron a fijar las bases teóricas de la era democrática en la Constitución de 1978, Ley de leyes para un Estado social y democrático de Derecho en base  a lo que se entiende por Monarquía Parlamentaria (Parlamento y Rey en el mismo plano de Poder Constitucional) y lo que se llamó Descentralización Administrativa, traducida en diecisiete autonomías de cuya desigual deriva todos estamos siendo testigos.

Soy de los que piensan que, si los llamados “Padres de la Constitución” estuvieran en situación de volver a reunirse para revisar, una a una, las normas básicas con las diseminadas y tantas veces reiterativas competencias, propondrían no pocas modificaciones, incluidos el papel de la Corona y la hoy por hoy, inamovible división territorial ¿por qué uno y otra no pueden ser más funcionales que anacrónicamente románticos?

Visto lo visto, algo habrá que hacer para reanudar la interrumpida marcha hacia el Progreso, para que resulte efectiva la imprescindible independencia de cada uno de los tres poderes, para que vuelva el respeto a las leyes y al orden constitucional (¿qué pinta Bildu-Batasuna-ETA en las instituciones?), para  la imprescindible reactivación de la Democracia (¿qué se puede hacer para “resucitar” a Montesquieu?) y, sobre todo, para implicar efectivamente al gobierno de turno que, representado por personas con capacidad y voluntad de servicio, resuelva problemas y roture caminos de trabajo, bienestar y progreso para todos los españoles.

No es tolerable lo de estar al albur de caprichosos y torticeros: necesitamos ser gobernados por personas con sus prioridades tan bien definidas que no nos ofrezcan la menor duda cuando actuamos como ciudadanos responsables y no como marionetas de las propias o ajenas inercias tanto ideológicas como estúpida y obsesivamente particularistas.

Claro que, muy especialmente en España, pasamos por tiempos difíciles; pero ello, en buena parte ¿no se debe a que hemos sido víctimas de tanta mentira y tanta demagogia, que, para la desgracia de todos, ha llegado a cautivar a no pocos españoles de buena voluntad? ¿Será el próximo 20N/2011 la ocasión para  lo que puede ser una auténtico Renacimiento Democrático?

jueves, 4 de agosto de 2011

Librémonos de la Oclocracia, hija bastarda de la Democracia

  Me tengo entre los que temen a la Oclocracia, más incluso que a la propia Dictadura. Preguntaréis: ¿por dónde va éste  con  eso de la Oclocracia? Oclocracia, que procede del griego ὀχλοκρατία, viene a significar  toma del poder por una masa indisciplinada. ¿Cuando ocurre esto? cuando los llamados demócratas pierden la fe en su capacidad para proteger las libertades públicas y dejan que las cosas se arreglen por sí mismas.
   Ejemplos de oclocracia podemos ver en los cantonalismos de la primera república española, en la aventura revolucionaria del 34 en Asturias, en el desmadre de algunos grupos que aquí y allá imponen o intentan imponer disparates como lo de  aquí mandamos todos, abajo la inteligencia, destruir es una forma de crear,  lo mío es mío y lo tuyo también mío, mi capricho soberano me coloca por encima del bien y del mal , la masa siempre tiene razón, etc…
   No se necesita tener una inteligencia privilegiada para comprender que cuando postulados de ese estilo se convierten en guías de conducta general, no es nada difícil que se llegue a situaciones al estilo del desmadre oclocrático que se vivió hace unos años en Camboya: si, al tener gafas, mostrabas curiosidad por leer y entender, eras reo de superioridad manifiesta y por lo tanto merecías morir; y lo que parece un chiste de mala gaita, demostrado está que llegó a ser la  monstruosa realidad de cientos de miles de buenos ciudadanos asesinados.
   Sin ir tan lejos ¿no es oclocracia lo que sueña con imponer Bildu en el País Vasco, esa entrañable parte de nuestra España? ¿qué decir de eso a que aspiran algunos que muestran “indignarse” porque no se les facilita el hacer lo que les viene en gana?
   Lo lamentable es que, si repasamos la historia, vemos que no pocas veces, una democracia que, apoyada originalmente  en el voto libre y la clara separación de los tres fundamentales poderes, empieza a dudar de sí misma, hace lo indecible por acaparar los tres poderes, vende legítimas responsabilidades por tal o cual plato de lentejas  y llega a confundir la desordenada protesta contra el propio sistema con cualquier otra legítima y constructiva expresión de libertad, ello cuando tan fácil es prevenir y corregir en su raíz lo que Tocqueville llamaba instintos salvaje de la mala democracia, eso mismo que mucho nos tememos derive en la toma de poder por una masa desorganizada, justamente lo mismo que, como temía el propio Aristóteles, hace inevitable el resurgir de la tiranía, situación que, en la República Romana, más de una vez se llegó a evitar con una dictadura limitada al tiempo necesario para resolver tal o cual  crisis.
   ¿Solución? Que la Democracia pierda el complejo de que todos tienen razón y se apoye en la Ley y en la clara separación de poderes.

martes, 12 de julio de 2011

MAL DE MUCHOS CONSUELO DE TONTOS

Iban a debatir como hacer frente al gravísimo problema sobrevenido por el desaforado descontrol del gasto en tiempos que parecían de las vacas gordas, que eso es lo que, en realidad, está en el trasfondo de la desbocada crisis que padecemos. Allí estaba doña Elena Salgado, la que, por virtud del señor que en España lleva el timón de la teórica recuperación, hoy es vicepresidenta primera del Gobierno Español; ella cargaba con el sambenito de  una negra cuenta de explotación nacional aliñada con el borrador de multitud de proyectos (¿para distraer al personal?) y la desazón de tantas y tantas esperanzas prendidas en el aire de la improvisación.

No sabemos que le habían dicho los otros, entre ellos Olli Rehn, comisario europeo de Asuntos Económicos y Monetarios y  John Lipsky, número dos del Fondo Monetario Internacional (FMI); pero sí que las cámaras y los micrófonos indiscretos tomaron nota de lo recurrente que es el refranero español al uso de un responsable de la economía en apuros: En España decimos mal de muchos,  consuelo de tontos.  Según cuentan, al comisario Rehn le hizo gracia la expresión y pidió a Salgado que se la tradujera al español, para luego repetirla él con su acento finlandés.

Conocemos otro refrán español que dice “no es bueno jugar con las cosas de comer”; ello nos obliga a resaltar la inconveniencia de lo que pudo ser un “irse por las ramas” de la segunda responsable de la economía nacional (el primer responsable es, nadie puede dudarlo, don José Luis Rodríguez Zapatero).

No se trata de averiguar si son uno o dos pasos los que nos faltan para caer en un abismo del que solamente se sale al precio que fijan los demás. A estas alturas de la Crisis, tal como lo entienden los que,  en tiempos de vacas flacas, se aferran, nos aferramos,  a la “cuenta de la abuela”, de lo único de que se trata es de gastar menos y de esforzarse por ingresar más pulsando todos los resortes que haga falta.  Todo ello, claro está, dentro de lo que se llama el orden democrático (a no ser que prefiramos algo menos suave, que, sin duda, ya está al acecho).

Lo que exige la actual situación  no es nada nuevo puesto que, según tengo entendido, así lo ha puesto en práctica alguno de los países conocidos como PIGS:  Que el principal responsable de la,  hoy por hoy, renqueante economía española, reconozca su incapacidad para salir adelante y convoque de forma inmediata a las Elecciones Generales para, a renglón seguido y dado que tiene mucho que ganar y nada que perder, cite  al Jefe de la Oposición para formar una Junta de Salvación General para, al margen de los titulares de los respectivos ministerios,  “coger por los cuernos al toro de la crisis” y llevarle al redil  de la inoperancia  o mínimo enfurecimiento  mientras producen sus efectos todas esas medidas, que están en la mente de todos y que, por lo visto, requieren inmediata y no imposible  aplicación.

Todo,  menos cualquier chascarrillo para  hacer reir al Euro, esa implacable entelequia que va a lo suyo y no se casa ni con su abuela.

viernes, 8 de julio de 2011

LOS CATÓLICOS Y LA POLITICA

Magistral lección sobre el tema que hoy nos ocupa nos viene dada por la inequívoca recomendación de Jesucristo: Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Ello en todos los niveles de la vida social  con sus reguladoras,  las políticas nacionales, autonómicas y municipales.
En el orden natural de las cosas, que dirían los clásicos, el César o Poder Político está por debajo de Dios, principio y fin de todas las cosas;  por lo tanto, ese mismo poder político se extralimitará en las funciones, que le corresponden, si impone o trata de imponer algo que vaya en contra de la Ley de Dios, que para los filósofos más realistas, coincide con la Ley Natural. ¿Cómo conoce el mundo la Ley de Dios? Sencillamente, a través de los “Mandamientos”, cuya viabilidad ha sido respaldada por el propio Jesucristo, Hijo de Dios.
Se nos dirá que eso es lo que creen, creemos, los católicos. Naturalmente que sí;  y también es verdad que nadie ha demostrado que el cumplir los Mandamientos, más que ir en contra del Progreso, no sea, precisamente,  la mejor forma de ayudar a que todos seamos más felices, es decir, vivamos con mayor afán por desarrollar nuestras facultades y, por ello, facilitemos el progreso de toda la Humanidad, empezando por nuestra propia parcela. A poco que discurramos, es lo que vemos que nos demuestra la historia y, me atrevo a subrayar,  la experiencia de tantos y tantos de nosotros.
Si no está usted de acuerdo, muéstreme una doctrina o ideología más realista y social que la católica.
Claro que el ser católico no es cosa de estar ahí y nada más: el católico es un ciudadano comprometido a trabajar por el buen orden social según la Ley de Dios, esa condición natural que  lleva grabada en la propia conciencia, y las leyes políticas siempre que éstas no se aparten del papel que las corresponde.  Quiere ello decir, que, bajo ningún temor o acomodamiento, puede el católico respaldar  leyes políticas como la del aborto, radicalmente contraria a la Ley de Dios.
Si se nos dice que algunos políticos “católicos”  han respaldado a ésa y a otras “leyes” de igual calibre, obsérvese que, por esta vez, lo de católicos y de leyes lo he puesto entre comillas. Esta consideración  no quiere decir, ni mucho menos, que uno esté llamando a la desobediencia civil:  lo que uno quiere dejar bien claro es que las Leyes de Dios están por encima de las “leyes políticas”, las cuales han de ser acatadas (eso, sí que sí) siempre que no se opongan a las otras.
Bien sabemos que, en España, no es la del aborto la única ley política que va contra la Ley de Dios. También sabemos que, en su formulación y aplicación, los que han ido más lejos han sido los gobiernos socialistas, desde el ámbito nacional al local ¿no es ello razón suficiente para que los católicos les retiren de sus preferencias a la hora de afiliarse o de votar?  Por demás, vemos que la mayoría de los socialistas, sobre todo los que tienen, han tenido o piensan tener alguna responsabilidad de gobierno, procuran no apartarse ni un ápice de esa dogmática o fundamentalismo empeñado en hacernos creer que el progreso se basa en matar niños, otras aberraciones por el estilo o de menor nivel cual es el despilfarrar sin tino.
En conclusión y dado que, queramos o no,  necesitamos de la Política para mantener un mediano orden social, siempre que a los católicos se nos pida nuestra adhesión o voto,  nos inclinaremos por los políticos que menos se opongan a  la Ley de Dios; con todos sus defectos, son éstos los que menos ponen en cuarentena los valores y principios por los que se rige una sana sociedad, la misma a la que aspiran todas las personas de buena voluntad.
Con sinceridad, creo que, por lo que toca a nuestra Ciudad, así nos hemos comportado en las pasadas elecciones municipales y motivos tenemos para confiar en que la política municipal, a pesar del lastre heredado, irá por el camino que debe ir  por su propia naturaleza y para el bien de todos nosotros.

sábado, 25 de junio de 2011

Hablemos del arte de gobernar

    Hoy queremos dejar constancia de que nuestro Alcalde ya está demostrando ser un hombre de palabra, además de extraordinariamente activo, con voluntad de servicio y que dice verdad cuando afirma:
    En pocos días tengo el honor de haber cumplido dos compromisos: restablecer el servicio de vigilancia de colegios, que llevaba dos años apagado por los impagos del anterior alcalde socialista, y que garantizará la seguridad de los escolares. Y la segunda, desplegar la policía de proximidad en todos los barrios de Alcorcón. Hasta ahora, por alguna razón que desconozco, sólo había policía de proximidad en un barrio, pero en los demás no se veía un agente en meses. Eso ha cambiado, ya se les ve por allí, porque hemos puesto 141 policías municipales en las calles. Cuando hay voluntad de hacer las cosas bien, se hacen. Y cuando uno respeta el valor de la palabra, la cumple. Gracias a todos los que han permitido estos cumplimientos en tiempo récord.
   Confiamos en que muy pronto, con su buen hacer y capacidad de entrega, nuestro Alcalde ayudará a demostrar lo catastrófico de la otra forma de gobernar, que, aun en su agonía, tanto mal está haciendo a los españoles; nos referimos, claro está, al socialismo, del que el propio Churchill, con su peculiar sentido profético, ha dejado escrito: el socialismo es la filosofía del fracaso, el credo a la ignorancia y la prédica a la envidia; su virtud inherente es la distribución igualitaria de la miseria . A la vista de que es precisamente eso lo que está ocurriendo en esta nación nuestra que es España ¿todavía, hay quien no quiere creer que, gracias al Socialismo, todos los españoles somos más pobres, en especial los condenados al paro y a la marginación social?
   Celebremos que, al menos, en la Comunidad de Madrid y, desde ahora, en ciudades como Alcorcón, mucho se está haciendo para que, en la medida de lo posible, avancemos en el camino de la recuperación demostrando que el arte de gobernar empieza con lo del día a día, se alimenta de libertad, generosidad y trabajo y se fortalece  cuando los ciudadanos perciben un buen servicio público, creciente prosperidad y ven motivos para condenar al archivo de la Historia a las palabras vacías, las mentiras, los trucos de feria y las evasiones hacia lo imposible, además de probadas rendiciones ante los enemigos de la integridad de nuestra España.
   Un veterano  político, que está en la mente de todos, suele decir que “la política es el arte de lo posible y, para lograrlo, hay que intentar muchas veces lo imposible”. Claro que, en este último caso, es imprescindible saberse retirar a tiempo, es decir, antes de estrellarse.