jueves, 9 de mayo de 2013

DESDOBLAR NUEVOS EMPLEOS PÚBLICOS Y MUCHO MÁS


Leemos que “la presidenta del Gobierno de Navarra, Yolanda Barcina, afirma que con la propuesta del Ejecutivo de repartir el trabajo en los nuevos contratos de la Administración foral se hará posible que con el mismo coste haya más personas trabajando en este difícil momento".
 Creemos que es una medida  que hay que aceptar como imprescindible en la actual situación: tanto, tanto que, a nuestro entender,  debería hacerse extensible a todas las nuevas oportunidades de empleo en todos los ámbitos de la actividad económica teniendo en cuenta todas las excepciones que requiera  el carácter del puesto de trabajo a cubrir  y, por supuesto, las diversas circunstancias de  tiempo y lugar:
Sería  una forma de abordar con realismo una crisis que, queramos reconocerlo o no, va para largo en cuanto que, a la falta de recursos económicos para recuperar  desaparecidas situaciones, se añade tanto la presión exterior como el radical cambio en los medios y modos de  vivir y trabajar: si nos detenemos a reflexionar sobre lo que ocurre en muchos de los ámbitos de la actividad económica , vemos que lo que hace unos años requería X horas de trabajo ahora se hace o puede hacerse en X partido por dos o mucho más.
 ¿Qué está haciéndose  al respecto? Poco más que nada y ello con seis millones de parados para los cuales no sería la peor de las soluciones el reincorporarse al tren de la productividad en base a eso que se llama  desdoblamiento de nuevos empleos…, también en la Empresa Privada ¿por qué no? 
En este punto cabe preguntarse ¿no es igualmente posible dar facilidades  para reducir la jornada de trabajo a todos aquellos empleados públicos y privados que, por tal o cual causa, desearían trabajar menos horas para atender la familia, proseguir su formación o disfrutar de un merecido ocio, ello, claro está, cobrando en proporción y sin pérdida de los derechos adquiridos?  El que esto escribe piensa que ello no requiere más que leves “burocráticas disposiciones” con el resultado de que, muy probablemente, se verán  beneficiados empleadores y empleados con nuevas vías de ingresos para las arcas públicas. 
Ya en el comienzo de la “Transición”,  reputados economistas y sociólogos  sostenían la necesidad de acompasar  la jornada laboral legal con el progreso de la tecnología productiva de forma que, si ello no se llevaba a efecto, la cifra de parados llegaría a ser absolutamente dramática: apuntaban la conveniencia de ir reduciendo paulatinamente el “reglamentario” número de horas semanales con la consiguiente proporción en los costos salariales y el resultado de  adaptar las oportunidades de empleo a la marcha de la historia. Junto con la posibilidad de hacer realidad eso de  dar facilidades  para reducir la jornada de trabajo a todos aquellos empleados públicos y privados que, por tal o cual causa, desearían trabajar menos horas…¿no es ése el camino para evitar la lacra del desempleo que, además de traer la ruina a tantas y tantas familias, nos lleva a la conclusión  de un puro y simple fracaso existencial?
Bienvenida pues la actitud de Yolanda Barcina, presidenta del Gobierno de Navarra.  Tanto mejor si ello significa el inicio de  un camino hacia  una rigurosa adaptación de nuestras Administraciones Públicas a las exigencias de los nuevos tiempos.

lunes, 29 de abril de 2013

NI VUELTA ATRÁS, NI CASTILLOS EN EL AIRE


Desde un encabritado secretario general de la decadente oposición hasta algún muy famoso periodista que, subido al pedestal de las grandes audiencias, sueña con un mundo a su medida, muchos son los que critican y critican haga lo que haga el Gobierno, sobre todo si una superficial interpretación facilita el exabrupto o la gratuita divagación. Triste consecuencia de ello es que el ciudadano de a pie termina por refugiarse en el más estéril de los pasotismos cuando no se deja llevar por  las desabridas voces de la calle o por las consignas de los que hacen política como el que juega a la petanca tirando a dar y nada más que tirando a dar.
A poco que discurramos sobre lo que ha hecho el Gobierno en los últimos diecisiete meses, habremos de reconocer que le situación de hoy es bien distinta que la heredada gracias a un “Plan Nacional de Reformas” orientado al crecimiento a partir del previo saneamiento de las cuentas públicas, hechas unos verdaderos zorros en la etapa socialista. No es de recibo el intento de agravar la enfermedad con más deuda o, como sugieren los más irresponsables, dejando de pagar lo que se debe: sería una vuelta atrás de la que solamente se sale siguiendo el camino de Cuba o de Corea del Norte con la subsiguiente universalización de una  progresiva miseria: mal de todos, consuelo de tontos. Tampoco lo es el hacer creer que un “castillo en el aire” es buen cobijo contra la desesperanza.
Prudencia, generosidad, libertad y sentido común son valiosos ingredientes para no desvariar, mientras que, para no desesperar, bueno es reconocer que vamos por el buen camino al tener en cuenta cómo el Gobierno está dispuesto a seguir reduciendo el gasto público,  está volviendo la inversión exterior a España, la racionalización del sistema financiero favorecerá la fluidez del crédito a familias y empresas,  la bajada histórica de la prima de riesgo adelanta la recuperación económica, se  está arreglando lo que hizo el PSOE con las preferentes…
Claro que cabe preguntar ¿volveremos a razonables niveles de empleo cuando la crisis pierda su actual virulencia?  A fuer de sinceros, responderemos que, a pesar de que todo se enderece como cabe esperar,  habrá que hacer algo más para que la lacra del desempleo deje de ser un drama nacional.
Ese algo más está en la línea de lo que venimos diciendo en repetidas ocasiones y tratamos ampliamente en el libro “Trabajo para todos en tiempos de crisis”:  No puede haber pleno empleo cuando, gracias a la imparable revolución tecnológica,  las cosas a producir requieren cada vez menos tiempo y menos participación de la acción manual,  ello sin tener en cuenta la creciente competencia de las llamadas economías emergentes.
Lo dicho: en la medida de la responsabilidad y las posibilidades de todos y cada uno de nosotros, abordemos la situación "sin vuelta atrás" y sin “levantar castillos en el aire”. 

sábado, 20 de abril de 2013

ODIO, DEMAGOGIA Y DINERO, MUCHO DINERO


¿No es verdad que eso de que “ellos son malos, luego nosotros somos los buenos” es el principal o único argumento de los que quieren arreglar un problema volviendo todo patas arriba? ¿Veis alguna razón para los que, desde la oposición, en lugar de apuntar tal o cual positiva sugerencia, se hagan eco de esa ola de odio y demagogia que tiñe de estúpida regresión las calles de nuestras ciudades?
Fácil ha sido lograr un montón de positivas respuestas a la pregunta de si queremos que se resuelva el problema de los desempleados que se quedan sin casa porque no pueden pagar la hipoteca: ésa era la cuestión, aunque se formulase con otras palabras. Lo que no es de recibo es apoyarse en un apunte de justicia y sentido común por parte de las personas de buena voluntad para intentar derribar el edificio de la estabilidad social ni, mucho menos, para desgañitarse en hacernos ver que la paja en el ojo ajeno es una plaga bíblica mientras la viga en el propio soluciona todos los males por aquello de que “destruir es una forma de crear”. Y ya el colmo nos llega cuando, con torticeros medios que no sabemos quién paga, se intenta cercar al Centro de la Soberanía Popular, dirigir los peores insultos a quienes defienden la salida de la crisis por caminos de orden, libertad y plena dedicación o aterrorizar a gentes inocentes… sin otro argumento que lo dicho: él es malo, luego yo soy bueno (o buena).
Sin duda que puede aspirar a Presidente del Gobierno cualquiera de los que se meten en política, especialmente, el que cuenta con millones de votos; pero ¿cree lograrlo perdiendo posiciones de moderación y aplicando su inteligencia a enfangar los caminos de solución? Pobres de nosotros si prestamos credibilidad al que maneja con artero oportunismo las ingenuidades de los que menos reflexionan.
Nadie puede ni debe ocultar que pasamos por una difícil recesión cuyos más dramáticos efectos son los millones de desempleados y el empobrecimiento de los más débiles.  Todos conocemos el origen de ello y todos sabemos muy bien que, para salir delante de un problema como el nuestro, huelgan los odiosos argumentos y las palabras vacías para dar paso a lo que podemos muy bien llamar un Plan de Recuperación Nacional.
Algunos creemos que la Recuperación ya está en marcha y que lo que procede para la mayoría de los ciudadanos es un mínimo de sentido común en el análisis sobre lo que se está haciendo aunque, para un juicio certero, no nos hagan ningún favor los que corean como “Voz del Pueblo esos minoritarios griteríos de odio y demagogia alimentados por dinero, mucho dinero, que a saber de dónde viene.    

domingo, 24 de marzo de 2013

¿ES LA POLÍTICA ENEMIGA DE LA INTELIGENCIA?


No y mil veces no cuando, sin tapujos ni rodeos, el político por vocación (y puede que también de oficio) se ve a sí mismo como libre y generoso servidor del Bien Común. Claro que, para nuestra desgracia, no todos los políticos de oficio lo son por vocación; tanto peor cuando, como sucede en España, el ejercicio de la política está mucho más abierto  para los que acertaron o aciertan a subir con un ocasional bagaje retórico al tren de las oportunidades ideológicas (tengan o no tengan fuste racional) y a los que no saben más que decir sí a todo lo que el de arriba les propone, que para los ciudadano libres de prejuicios y con probados deseos de ser útiles a sus compatriotas sin distinción de clases, razas, religiones …, pero también con la prudencia necesaria para no dejarse liar por los que más gritan al albur de tal o cual problema cuya solución no requiere más que recursos suficientes y sentido común.
Nadie puede negar que la herencia recibida mantiene en España ciertas barreras  que solamente con trabajo, recursos suficientes, buen tino y probada voluntad de no volver atrás  se resolverán. En el proceso de resolución sobra el derrotismo y, sobre todo, el sacar las cosas de quicio, que es, precisamente, lo que hacen unos pocos vocingleros (incluida la personita en la que todos estamos pensando),  que se han hecho dueños de las calles y con su política torpedean la inteligencia de los que  menos discurren: si tonto es intentar tapar una fosa abriendo otra fosa mayor, el colmo de la ingenuidad es seguir a alguien que no hace otra cosa que gritar y mentir. Frente a ello cabe la esperanza de que, a pesar de tanta ruidosa y torticera demagogia, siga la racha de la buena gestión.
Cambiemos de tercio: se diga lo que se diga, latente sigue en España el problema del terrorismo, cuya faceta de muerte y desolación sigue al acecho mal encubierta por la nebulosa de inoportunas permisividades y que, por razones de “conveniencia política”, juega a vestirse con piel de cordero. Es cuando, tirando por la calle de en medio, puede oírse en uno de los parlamentos regionales de la España de todos algo así como que matar por matar es una cuestión política.
¿Es posible que siga en activo quien, en uso de  su cargo, hace de la política una alcahueta del crimen? Digámoslo alto y claro: La Política, en esencia y muy bien definida por Aristóteles, es  el arte de edificar la paz y la prosperidad entre las personas; son los que usan la política para algo muy distinto (lograr complicidades en el cultivo de sus bajas pasiones, por ejemplo)  los verdaderos enemigos de una normal inteligencia.  

martes, 5 de marzo de 2013

ESPAÑA NECESITA DISTINTA OPOSICION


El pasado, pasado está, las cosas son como son, lo que se hace siempre se puede hacer mejor, no es lo mismo predicar que dar trigo, más eres tú…, etc., etc., hasta mil y una obviedades como respuesta a las mil y una críticas, sin duda que muchas de ellas con razón aunque, la verdad sea dicha, poco o nada constructivas. Seamos serios y empecemos a ver todo lo que sucede en España como un conjunto de problemas a resolver, todos a una y desde la parte que nos toca.
Queramos o  no queramos reconocerlo, el Gobierno lleva hecho  lo suyo en los catorce meses que lleva gobernando ante una situación a punto de catástrofe: en lo económico, en lo de la relatividad moral (no es lo mismo lo natural que lo antinatural), en lo institucional (ya está bien de particularismos cainitas) y, también, en lo de aportar soluciones ante actuales y posibles casos de flagrante y monumental corrupción. Claro que a él le corresponde la mayor parte de responsabilidad en la  corrección de todo lo corregible; pero en actitudes y formulación de leyes sí que es de justicia esperar una constructiva oposición, sobre todo, cuando está claro que ello redunda en beneficio de sí mismo y del propio partido o ¿es que creemos que la prosperidad o bien común no requiere esfuerzo personal alguno por que, sin más ni más, viene del cielo o “surge del suelo como los champiñones”, que dirían los viejos revolucionarios?  
Señor don Alfredo Pérez Rubalcaba,  Jefe de la Oposición como Secretario General del Segundo Partido Político a escala nacional.  En una situación tan compleja y difícil como la actual, también de usted depende una parte de la solución.
Somos muchos a quienes gustaría  dejase usted de marear la perdiz con ocurrencias más o menos ingeniosas pero que de nada sirven para enderezar torcidas situaciones y, sin renunciar para nada a sus aspiraciones ni tampoco a lo substancial de su ideología, ponga en práctica lo mucho que usted sabe y puede hacer para frenar la destrucción de empleo y ayudar a  la mejor vertebración de España, remontar la pendiente de la crisis, recuperar el prestigio internacional….
Sabe usted muy bien que España tiene problemas más graves que el caso Bárcenas, que, dicho sea de paso,  ya está en el lugar que le corresponde, es decir, en  los tribunales: Apunte usted, si es que lo tiene in mente, más contundentes medios para hacer fluir ese crédito que necesitan los emprendedores capaces de crear los millones de puestos de trabajo que necesitamos, sistemas para gastar menos y garantizar la continuidad del “estado de Bienestar”, poner orden en los desintegradores particularismos, etc., etc.,
Seguro que usted sabe y puede colaborar en la adecuada solución de tantos y tantos problemas, sin que, por ello, pierda el carácter de Jefe de la Oposición como Secretario General de un Partido tan importante como el suyo.  Todos los españoles se lo agradeceremos muy cordialmente.

viernes, 8 de febrero de 2013

MINIJOBS PARA TODOS LOS QUE QUIERAN Y PUEDAN


Leemos en la Prensa que la CEOE pide los “minijobs” para que “los jóvenes sepan al menos qué es trabajar”. Por eso y por bastante más y, no solamente para los jóvenes, sino para todos aquellos  condenados a mantener mano sobre mano a la espera  de una, hoy por hoy, improbable oportunidad. A la vista de ello, uno piensa en lo poco o nada que se hace  en razón de todo lo que se puede hacer  aun en situaciones en las  que el dinero, si es que lo hay, se va por otros caminos  que el de montar nuevas empresas. Por ejemplo ¿no se podría revisar en profundidad  lo que se hace en otros países  que, con más o menos nivel de desarrollo, han acertado  con algo que podríamos calificar  de “ofrecimiento  de  oportunidades de ocio y empleo a gusto de los que trabajan más de lo que quieren y de los que no trabajan nada porque no se les da la ocasión”?
Si tenemos en cuenta la rigidez de la burocracia al uso y el que una situación de agobiante desempleo  como la actual se viene fraguando desde hace ya bastante tiempo,  entre otras razones porque, gracias al formidable desarrollo de los medios y modos de producción,  los tiempos de fabricar tal o cual cosa se acortan vertiginosamente….  ¿no es de lógica elemental el reducir  los horarios de trabajo, al menos, para todas aquellas personas  que lo deseen y puedan sin perder los derechos adquiridos y también sin descabalar las necesidades de sus respectivas empresas?
Es fácil ver que en esa situación están madres o padres de familia que desearían dedicar más tiempo a sus hijos u otros quehaceres; señoras y señores de cierta edad, que, con su vida medianamente resuelta,  no verían mal reducir  a la mitad su tiempo de trabajo y correspondientes ingresos, ello sin perder un ápice de los derechos adquiridos;  hay  muchas actividades  que se podrían regular hasta establecer  turnos de seis y menos horas, etc., etc., 
Claro que algo se avanza en ese sentido  pero no de la suficiente y expeditiva manera para que jóvenes y no tan jóvenes  encuentren  la oportunidad de, al menos, lo que se llama un  “minijob” con el que prestar un aliciente  más a su vida, sobre todo, si aún no conocen lo que es  colaborar en éste o en aquel proyecto y, en aun peores casos, se sienten marginados  porque ya han pasado de los cincuenta, máxime cuando tienen pesadas cargas familiares tras de sí… Todo sea para aliviar el terrible drama  que sufren tantas y tantas familias con el añadido de que, no pocos,  parecen vivir resignados  a la espera de que la cosa cambie radicalmente cuando se logre enderezar la economía….
Hay sobradas razones de peso para discurrir y discurrir  sobre todo lo que se puede hacer con lo poco o mucho de que  se dispone, retrotrayendo de aquí y de allá con la prudencia, generosidad y valor que requieren  los actuales tiempos.

viernes, 30 de noviembre de 2012

Es cosa de todos nosotros


Que, aunque no nos hayamos dado cuenta hasta ahora, la mayoría de los españoles somos más pobres que hace, digamos, seis o siete años…,  es algo que ya nadie, ni siquiera los que siguen montados en el Euro, se atreven a discutir. Ello se debe a que España, en su conjunto, sigue sufriendo las consecuencias del mal hacer de algunos,  que, pudiendo poner remedio durante unos cuantos años,  miraban para otra parte o, indecentemente, negaban la realidad que veían venir y, para colmo de indebidas ocurrencias,  nos entramparon a todos hasta lo intolerable sin ocuparse lo más mínimo de las necesidades reales de los españoles.
Tan aplastante evidencia  se traduce en  el achicamiento de la cesta de compra de las amas de casa, en las colas del INEM, en los comedores de Cáritas, en las caras largas de casi todos nosotros…, e incide en el tambaleo del euro  con el riesgo de que la economía europea, incluida la española, descienda a tercera categoría…
¿Qué hacer para recuperar tanto terreno perdido? ¿Esperar a que nos ayuden desde afuera sin aportar nada a cambio? ¿Negar la realidad y gastar más y más a base de incrementar el abismo de la deuda? ¿Soñar  con que los que más tienen  entonen el mea culpa y por arte de birlí-birloque piensen en los demás antes que en sí mismos? Todos estamos en el mismo barco y a todos corresponde poner de nuestra parte lo que corresponda para que el barco no se hunda y llegue lo más pronto posible al puerto señalado por quien asume la responsabilidad de dirigirlo: Para desgracia de todos nosotros, vemos que tal dista mucho de suceder.
Seguro que parte de lo que el Gobierno planea y ejecuta podría ir mejor de lo que va, que enormes partidas de gasto o se pueden reducir o traducirse en incentivos para la creación de empleo, que la Burocracia Europea, además de lenta,  es víctima de  tan encontrados  intereses que, a veces, parece imposible aplicar incluso las buenas soluciones acordadas en el momento y lugar oportunos… Pero, para bien o para mal (más para bien que para mal),  pertenecemos a la Unión Europea, contamos con una moneda única  (hoy por hoy  relativamente fuerte en el Mercado Mundial)  y, en razón de ello, no nos cabe mejor solución que sacar el máximo partido de las reglas del juego.
Nadie puede dudar que, en razón de ello, nuestro Gobierno ha salvado muchos baches, ha hecho cosas que prometió no hacer, pero que están resultando convenientes e imprescindibles  para tapar  enormes e inapropiados huecos del gobierno anterior; que, todavía, queda largo trecho que recorrer y que el absurdo de los absurdos es pretender que con nosotros no va la cosa mientras que unos pocos   derrochan energías en agravar  la situación  pretendiendo  lo inoportuno además de injusto (por ejemplo, huelgas sin ton ni son) con lo de seguir en la recalcitrante mentira de que una nación moderna puede salir de sus propios baches saltándose a la torera las reglas por las que se rige la convivencia mundial y sin las cuales no es posible el encauzamiento de la economía nacional, promover la creación de empresas y, por lo mismo, empezar a resolver la lacra del desempleo.
¿No creéis que el problema es de tal calibre que lo único que cabe es razonar sobre lo que a cada uno corresponde hacer en beneficio de tonos incluidos nosotros mismos? Claro que, puesto que la Crisis nos afecta a todos (o a casi todos), salir de ella es cosa de todos.  
No nos justifica ni nos exime de responsabilidad el que algunos ciudadanos se aferren a sus patrañas y errores  y, malévolamente, se dediquen a agravar  la crisis en lugar de aportar lo que les corresponde para achicarla: por usted va, culpable de lo mucho que hoy ocurre, y por usted, que en lugar de hacer frente a su problema, lo distrae agravando el problema de los demás como si pensara que el mal de muchos se traduce en bien propio.
Una vez  más os recuerdo el dicho de uno de mis viejos maestros: Seamos tú y yo buenos y habrá dos pillos menos.