Confieso una inmensa pena por todas las personas de buena voluntad que se dejan arrastrar por la sinrazón del odio. ¿Qué es esto del odio? Nuestro Ortega y Gasset lo definió así: “Odiar a alguien es sentir irritación por su simple existencia; solo satisfaría su radical desaparición”Claro que ha habido, hay y seguirá habiendo abusos; por ello es de rigor que, en las ocasiones cruciales de nuestra Democracia, otorguemos nuestra confianza al que se la merece y puede mejorar lo mejorable, no al que vive y se alimenta del odio contra todo el que no es de su órbita.
Incluso en las izquierdas, hubo y sigue habiendo notables diferencias entre los que aspiran a traducir en bien social la evolución de los medios y modos de producción (el Marx de los años juveniles, por ejemplo) y los que se apuntan a la consigna de “destruir es una forma de crear” (Bakunin ó el Marx de Stalin y similares): aquello podía ser considerado como una invitación al constructivo diálogo; esto no es más que una simple y descarnada expresión de odio.
Termino con una recomendación a todas las personas de buena voluntad, incluidas las que sienten cierta simpatía por los sembradores de odio: no os fiéis de los incapaces de hacer un solo gesto de auténtico amor.