
Como ejemplo
de sugerentes palabras, olvido histórico, acusaciones fuera de lugar y falta de
constructivo contenido, tenemos el discurso de un veterano político que no
gobierna pero que sí que ha gobernado y que aspira a gobernar: sin reconocer
mérito alguno al que no es de su órbita, resuelva o no los problemas más
acuciantes, ha venido a decir que la “solidaridad de la Europa del Norte” solamente le puede llegar a a la Europa del
Sur, es decir, a España, si su partido gana las inmediatas Elecciones Europeas.
Según él, ello es así porque su Partido sí que sabe y puede mejorar la
situación de todos los españoles sin tener que preocuparse de ajustes
presupuestarios ni de otras bagatelas por el estilo y menos de dar
explicaciones sobre el cómo y con qué recursos pretende aplicar la fórmula
mágica de la “solidaria igualdad”.
Claro que la solidaridad debiera ser el motor
de las relaciones humanas. Así fue en la Polonia de hace ahora unos treinta años: Los de cierta
edad bien recordamos que, hasta los años ochenta del siglo pasado, Polonia era
uno de los países más tiranizados por el llamado “socialismo real” hasta que
apareció el sindicato Solidaridad (Solidarnoác) dirigido por Lech Walesa y
formado por millones de obreros católicos, que entendían que solamente a través
de los valores cristianos crece la solidaridad entre todas las personas iguales en dignidad
natural.
Desde el punto de vista materialista, que es el de muchos compatriotas
nuestros, a lo más que se está llegando es a la protesta por la protesta y a
ver la paja en el ojo ajeno en lugar de quitarse la viga que llevan en el
propio. No es ahí en donde podemos
encontrar la solidaridad para construir juntos la España y la Europa en que se
premie el trabajo, la generosidad, la libertad y la responsabilidad.
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