En honor a la verdad, debemos reconocer que, hasta ahora, nada tenemos que reprochar al Gobierno Municipal, salvo que queramos que, en mes y medio, resuelva todos los problemas heredados de la mala gestión del anterior equipo con don Enrique Cascallana a la cabeza, muy especialmente, el problema de la falta de dinero, cuya muestra más ilustrativa es que en las arcas municipales, por todo lo alto, había poco más de un millón de euros cuando solo la nómina del mes de julio superaba los seis millones y ello con el horizonte de tener que hacer frente a una deuda de más de 250 millones.
El problema es grave, cosa de la que tenía que tomar buena nota la Oposición Socialista tanto para entonar el mea culpa y arrimar el hombro, aunque solo sea para que los ciudadanos olvidemos sus errores en el menor tiempo posible, como para analizar con verdadero sentido de la realidad el programa de gobierno que, según nos consta, don David Pérez ha enunciado en diez puntos relativos a la Familia, el Empleo, la Movilidad, las Infraestructuras, la precisa Financiación, el Deporte, Medio Ambiente, Participación Ciudadana y todos los ámbitos de la Seguridad.

No hay mal que por bien no venga si alecciona para el futuro, es lo que dice un refrán castellano y así debía de ser en el caso que nos ocupa: Señoras y señores socialistas, concejalas y concejales de Alcorcón, no seré yo, ciudadano de a pie, quien les dé a ustedes lecciones sobre en qué consiste una oposición firme y constructiva, cosa que, seguramente, tienen bien aprendida y que, a mi modo de ver, representa el más válido camino para recuperar buena parte de lo perdido: Una oposición firme y constructiva requiere valorar objetivamente tanto proyectos como obra hecha para, con argumentos sin disfraces y de pura lógica, resaltar los posibles fallos y poner de relieve las propias soluciones o propuestas. Lo que no sea esto es irse por los cerros de Übeda, intento de embaucar al personal o pérdida del paso en lo de recuperar posiciones.
Claro que, para compensar la falta de argumentos, cabe la tentación de recurrir a inventos como el de la Memoria Histórica, el uso de recursos dialécticos al estilo de “tú eres malo, luego yo soy bueno” o, peor aún, organizar una clac para que, en los plenos, intente matar el eco de los proyectos y realizaciones que , realmente, nos convienen a todos.